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BÁSICO
INTERMEDIO
AVANZADO
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NIVEL
INTERMEDIO
1. La ración
de los cantores
I.
La misión de Nehemias
Nehemías,
copero del rey Astajerjes, (el encargado de servirle el vino)
nos cuenta que el pueblo había sido desterrado, las
murallas de Jerusalén derrumbadas, con muchas brechas,
la ciudad abandonada y el Templo había sido saqueado.
Había unos pocos judíos que no habían
sido desterrados, pero vivían dispersos y desorganizados.
Dice
el libro de Nehemías, Cap 1: Palabras de Nehemías,
hijo de Jakalías: En el mes de Kisléu, el año
veinte del rey Artajerjes, estando yo en la ciudadela de Susa,
Jananí, uno de mis hermanos, llegó con algunos
hombres venidos de Judá. Yo les pregunté por
los judíos - el Resto que se había salvado del
cautiverio - y por Jerusalén.
Me respondieron:
"Los restos del cautiverio que han quedado allí
en la provincia se encuentran en gran estrechez y confusión.
La muralla de Jerusalén está llena de brechas,
y sus puertas incendiadas."
Al oír
estas palabras me senté y me puse a llorar; permanecí
en duelo algunos días ayunando y orando ante el Dios
del cielo.
Nehemías
ora pidiendo al Señor que perdone a su pueblo y que
provea los medios para reconstruir Jerusalén. Nehemías
ama profundamente a Dios y a su pueblo. Reconoce que su pueblo
ha pecado, pero sobre todo, pide a Dios por su conversión
y restauración. Nehemías descubre después
que él mismo ha de ser llamado para esta misión
restauradora:
Siendo
yo encargado del vino, tomé vino y se lo ofrecí
al rey. Anteriormente nunca había estado yo triste.
Me dijo, pues, el rey: "¿Por qué ese semblante
tan triste?¿Acaso tienes alguna preocupación
en el corazón?" Yo quedé muy turbado, y
dije al rey: "¡Viva por siempre el rey! ¿Cómo
no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde
están las tumbas de mis padres está en ruinas,
y sus puertas devoradas por el fuego?"
Replicóme
el rey: "¿Qué deseas, pues?"
Invoqué al Dios del cielo, y respondí al rey:
"Si le place al rey y estás satisfecho de tu siervo,
envíame a Judá, a la ciudad de las tumbas de
mis padres, para que yo la reconstruya."
El Rey
Astajerjes le dio permiso a Nehemías, para que se ausentara,
por cierto tiempo, de sus servicios. Le dio cartas y le autorizó
a reconstruir la muralla y restaurar el Templo y el culto.
II.
Nuestra misión de reconstrucción.
Muchas
veces descubrimos que nuestro pueblo ha pecado, y que a causa
de este pecado, la Iglesia (la Nueva Jerusalén) ha
sido afectada, sus murallas espirituales tienen brechas, por
donde entra el enemigo (Satanás) y hace destrozos;
sus puertas espirituales están incendiadas, y la gente,
al no sentirse protegida, se va a otros lados (salen de la
Iglesia) y su Templo espiritual, que es la alabanza y adoración,
el culto a Dios, está derrumbado (en muchos lugares
la liturgia está débil o muerta, los grupos
de oración flojos y diezmados).
Debemos
ser como Nehemias, que no se lanza a criticar amargamente
a su pueblo o a su ciudad, sino que llora por su pecado y
pide a Dios por su restauración. La Iglesia es nuestra
madre, y nadie habla mal de su propia madre, aunque exista
pecado en ella. Antes bien, procura su mayor bien. Nehemias
no dice "Jerusalén (la Iglesia) ha pecado",
sino que dice: "Hemos pecado Señor, tu pueblo
y yo te hemos fallado, y Jerusalén (la Iglesia) ha
sido devastada".
Nuestra
misión es decirle al Señor, como Nehemias, las
siguientes palabras: "Señor, tu eres mi Rey, y
yo soy tu copero. Si le place a mi Rey y estás satisfecho
de tu siervo, envíame a la Iglesia, a la ciudad espiritual
de mis padres, para que yo la reconstruya."
Esta
es nuestra vocación en el ministerio de Música:
Reconstruir la muralla espiritual con cantos que le den al
pueblo fortaleza contra el pecado. Reconstruir el Templo espiritual
con cantos de alabanza, restaurar el culto con cantos de adoración.
Estos cantos no son para nosotros, ni para nuestro propio
beneficio. Si de verdad queremos servir a Dios, nuestros cantos
deben convertirse en patrimonio de la Iglesia.
III.
La reconstrucción requiere esfuerzo, reconciliación
y perdón de las deudas
Nehemías nos sigue contando lo que hizo:
Inspeccioné
la muralla de Jerusalén por donde tenía brechas,
y las puertas que habían sido devoradas por el fuego.
Hasta
entonces no había dicho nada a los judíos: ni
a los sacerdotes ni a los notables ni a los consejeros ni
a los funcionarios;
Entonces
les dije: "Vosotros mismos veis la triste situación
en que nos encontramos, pues Jerusalén está
en ruinas, y sus puertas devoradas por el fuego. Vamos a reconstruir
la muralla de Jerusalén, y no seremos más objeto
de escarnio."
Ellos
dijeron: "¡Levantémonos y construyamos!"
Y se afianzaron en su buen propósito.
Al enterarse
de ello los joronitas, ammonitas y árabes, se burlaron
de nosotros y vinieron a decirnos: "¿Qué
hacéis? ¿Es que os habéis rebelado contra
el rey?"
Yo les respondí: "El Dios del cielo nos hará
triunfar. Nosotros sus siervos, vamos a ponernos a la obra.
En cuanto a vosotros, no tenéis parte ni derecho ni
recuerdo en Jerusalén."
A pesar
de la oposición externa, Nehemías y los líderes
de Jerusalén se afianzan en su propósito y se
organizan por secciones, para reconstruir la muralla. Mas
adelante, cuando son atacados, los judíos siguieron
reparando las brechas pero mantenían la espada ceñida
al cinturón.
Para
ayudarse unos a otros a reconstruir y repoblar la ciudad,
también se perdonaron entre ellos las deudas que eran
imposibles de pagar, para poder liberar a los esclavos, a
sus hijos e hijas dados en prenda por las deudas, y para habitar
las casas y trabajar los campos que habían sido dados
en garantía por los prestamos. (Hermanos: Les parece
increíble que hubiera deudas que se pagaban mediante
esclavitud? Piensen en nuestras deudas, algunas son verdaderamente
esclavizantes, si no, pregúntenle a los países
latinoamericanos y africanos)
Nos
dice Nehemías:
Tomé
decisión en mi corazón de reprender a los notables
y a los consejeros, y les dije: "¡Qué
carga impone cada uno de vosotros a su hermano!"
Congregué
contra ellos una gran asamblea, y les dije: "Nosotros
hemos rescatado, en la medida de nuestras posibilidades, a
nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos
a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros los que vendéis
a vuestros hermanos para que nosotros los rescatemos!"
Ellos callaron sin saber qué responder.
Y yo
continué: "No está bien lo que estáis
haciendo. ¿No queréis caminar en el temor de
nuestro Dios, para evitar los insultos de las naciones enemigas?
También yo, mis hermanos y mi gente, les hemos prestado
dinero y trigo. Pues bien, condonemos estas deudas.
Restituidles
inmediatamente sus campos, sus viñas, sus olivares
y sus casas, y perdonadles la deuda del dinero, del trigo,
del vino y del aceite que les habéis prestado."
Respondieron
ellos: "Restituiremos y no les reclamaremos ya nada;
haremos como tú has dicho."
Si queremos
responder al llamado de Dios a reconstruir la Iglesia, tenemos
que ser capaces de a) afianzarnos en nuestro propósito,
b) tener las armas espirituales a la mano para la batalla
(Efesios 6), c) reconciliarnos y perdonarnos unos a otros
nuestras ofensas y d) condonar entre nosotros aquellas deudas
económicas que son imposibles de pagar.
Parte
del daño y de la imposibilidad de reconstruir el Templo
espiritual está en las relaciones dañadas, las
deudas impagables y las ofensas imperdonables que tenemos
entre nosotros. Tenemos que perdonar y condonar todo eso para
estar todos libres para la reconstrucción, y que nadie
sea esclavo de estas cosas.
Nehemías
incluso puso mucho de su propio patrimonio para apoyar al
pueblo durante la reconstrucción, y nunca recibió
nada a cambio:
Diariamente
se aderezaban a expensas mías un toro, seis carneros
escogidos y aves; y cada diez días se traía
cantidad de odres de vino. Y a pesar de todo, jamás
reclamé el pan del gobernador, porque un duro trabajo
gravaba ya al pueblo.
IV. Los Levitas y Cantores
Nehemías
nos cuenta que se restablecieron los servicios del Templo
y las funciones de los sacerdotes, levitas y cantores. Había
245 cantores y cantoras, y muchos sacerdotes y levitas. Los
cantores aparecen como guardianes para las puertas, formando
grandes coros para las ceremonias y cantando en el Templo
en turnos establecidos.
Para
ello, era necesario que el pueblo les apoyara y respaldara.
Una parte del compromiso firmado por el pueblo, además
de cumplir la ley y celebrar las fiestas como lo marcaban
los libros sagrados, fue dar a los sacerdotes, levitas y cantores
el diezmo para su sostenimiento. Los levitas eran los encargados
de recaudar el diezmo.
V.
Cantores remunerados? Nuestro papel como Profetas, Cantores
y Maestros
Nuestro
llamado a servir a Dios y a la Iglesia con la música
tiene tres dimensiones principales: Profetas, cantores y maestros.
V.1
Profetas
Los verdaderos
profetas nunca profetizaban bajo la condición de recibir
dinero o salario, sino en obediencia a un mandato expreso
de Dios. Los falsos profetas cobraban por "profetizar",
y eran en realidad adivinos o charlatanes que hablaban falsamente
"de parte de Dios"; este tipo de "profeta"
era una profesión heredada en las ciudades de Israel
influidas por la idolatría y el politeísmo;
ser "profeta" era un negocio (hagan de cuenta
Walter Mercado, o los horóscopos, etcétera).
Esto lo vemos en el libro de Miqueas:
Así
dice Yahveh contra los profetas que extravían a mi
pueblo, los que, mientras mastican su comida gritan: "¡Paz!":
Tendrán vergüenza los videntes y confusión
los adivinos; y se taparán todos el bigote, por no
haber ya respuesta de Dios.
Yo (Miqueas),
en cambio, estoy lleno de fuerza, por el espíritu de
Yahveh, y de juicio y bravura, para denunciar a Jacob su delito,
y a Israel su pecado.
Sus jefes
juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan por salario,
sus profetas vaticinan por dinero, y se apoyan en Yahveh diciendo:"¿No
está Yahveh en medio de nosotros? ¡No vendrá
sobre nosotros ningún mal!"
Por eso, por culpa vuestra, Sión será un campo
que se ara, Jerusalén se hará un montón
de ruinas, y el monte de la Casa un otero salvaje.
Esta profecía se cumplió, y hubo el destierro
anunciado por Miqueas.
En el
libro del profeta Amós, leemos que las autoridades
del reino de Israel le recriminaron que profetizara contra
el rey, sin que nadie lo hubiera "contratado". En
ese entonces, los hebreos estaban divididos en dos reinos:
Judá al sur, con su capital Jerusalén, e Israel
al Norte, con su capital Betel. Amós venía del
reino de Judá, y fue enviado por Dios a Betel, (al
norte) para profetizar la destrucción del reino del
norte (Israel).
El sacerdote
de Betel, Amasías, mandó a decir a Jeroboam,
rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio
de la casa de Israel; ya no puede la tierra soportar todas
sus palabras, porque Amós anda diciendo: "A espada
morirá Jeroboam, e Israel será deportado de
su suelo."
Y Amasías
dijo a Amós: "Vete, vidente; huye a la tierra
de Judá; vete a ganar el pan a Judá, y profetiza
allí. Pero en Betel no has de seguir profetizando,
porque es el santuario del rey y la Casa del reino."
Respondió
Amós y dijo a Amasías: "Yo no soy profeta
ni hijo de profeta, yo soy cuidador de vacas, y picador de
sicómoros. Pero Yahveh me tomó de detrás
del rebaño, y Yahveh me dijo: "Ve y profetiza
a mi pueblo Israel."
Después
de esto, y tal como profetizó Amós, el reino
de Israel fue deportado, y después destruido, y lo
poco que quedó fueron unos cuantos pueblos dispersos,
llamados "samaritanos" por los Judíos (de
Judá).
En la
Iglesia primitiva también se daban casos de falsos
profetas que lo que querían era ganar dinero a costa
del pueblo y estar de ociosos. Esto lo vemos en la Didaché
o Enseñanza de los Doce Apóstoles, que es uno
de los escritos más venerables que nos ha legado la
antigüedad cristiana. Baste decir que su composición
se data en torno al año 70 después de Cristo;
casi contemporáneamente, por tanto, a algunos libros
del Nuevo Testamento. Así pues, la Didaché es
una recopilación de las enseñanzas básicas
de la Iglesia Primitiva.
Dice
la Didaché en su capítulo 5, respecto a los
apóstoles y profetas:
No todo
el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene
el modo de vida del Señor. En efecto, por el modo de
vida se distinguirá el verdadero profeta del falso.
Todo profeta que manda poner una mesa en espíritu,
no come de ella: de lo contrario, es un falso profeta. Todo
profeta que predica la verdad, pero no cumple lo que enseña
es un falso profeta. Pero al que dice "en espíritu":
"Dame dinero", o cualquier otra cosa, no le prestéis
oído. En cambio si dice que se dé a otros necesitados,
nadie lo juzgue.
A todo
el que viniere en nombre del Señor, recibidle. Luego
examinándole le conoceréis por su derecha y
por su izquierda, pues tenéis discernimiento. Al que
pasa de camino le ayudaréis en cuanto podáis:
pero no se quedará con vosotros sino dos o tres días,
si fuere necesario. Si quiere quedarse entre vosotros, teniendo
un oficio, que trabaje para su sustento. Si no tiene oficio,
proveed según prudencia, de modo que no viva entre
vosotros cristiano alguno ocioso. Si no quiere aceptar esto,
se trata de un traficante de Cristo: tened cuidado con tales
gentes.
Pero,
¿que hay de la frase: "El obrero tiene derecho
a su salario"?
En Lucas
10, Jesús dice a sus discípulos:
No llevéis
bolsa, ni alforja, ni sandalias. En la casa en que entréis,
decid primero: "Paz a esta casa." Permaneced
en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque
el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.
En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo
que os pongan;
De modo
que, Cristo nos instruye, en Lucas 10, que el salario al que
tenemos derecho cuando viajamos como apóstoles o profetas
consta de: Comida, Bebida (la que nos den) y Techo.
Si somos
auténticos profetas, con un oficio establecido, que
no estamos de ociosos, que no exigimos dinero como condición
para servir, ni que "profetizamos" falsamente que
nos den dinero, entonces el pueblo tiene una responsabilidad
de apoyarnos, y nosotros somos dignos de sustento por parte
del pueblo: La Didaché, en su capitulo 11, dice:
Todo
auténtico profeta que quiera morar de asiento entre
vosotros es digno de su sustento. Igualmente, todo auténtico
maestro merece también, como el trabajador, su sustento.
V.2
Cantores
Como
cantores, cuando servir en el culto regular y establecido
es nuestro oficio, tenemos a Dios como heredad, nuestra porción,
y nuestra parcela es el Templo de Dios, y ésta es también
por lo tanto la fuente legítima, no solo de nuestro
sustento, sino también de nuestro patrimonio y el de
nuestra familia. A diferencia de los profetas, los cantores
tenían un oficio regular legítimamente establecido,
y eran remunerados participando del diezmo para su sostenimiento.
Estaban apartados para el ministerio, y normalmente no se
dedicaban a otra cosa mas que al culto a Dios.
Volvamos ahora a Nehemías, y veamos que pasó
con los cantores cuando Nehemías, después de
haberlos establecido en sus puestos, salió de viaje,
y regresó al cabo de un tiempo:
El
sacerdote Elyasib había sido encargado de los aposentos
de la Casa de nuestro Dios. Como era pariente de Tobías,
le había proporcionado un aposento espacioso, donde
anteriormente se depositaban las oblaciones, el incienso,
los utensilios, el diezmo del trigo, del vino y del aceite,
es decir, las porciones de los levitas, los cantores y los
porteros, y lo reservado a los sacerdotes.
Cuando
sucedía esto, yo no estaba en Jerusalén, porque
el año 32 había ido donde el rey; pero al cabo
de algún tiempo volví a Jerusalén, y
me enteré de la mala acción que había
hecho Elyasib en favor de Tobías, preparándole
un aposento en el atrio de la Casa de Dios.
Esto
me desagradó mucho; eché fuera del aposento
todos los muebles de la casa de Tobías, y mandé
purificar los aposentos y volver a poner en ellos los utensilios
de la Casa de Dios, las oblaciones y el incienso.
Me
enteré también de que ya no se entregaban las
raciones de los levitas, por lo que ellos se habían
marchado cada uno a su campo - los levitas y los cantores
encargados del servicio -.
Reprendí
por ello a los consejeros diciéndoles: "¿Por
qué ha sido abandonada la Casa de Dios?" Luego
los reuní de nuevo y los restablecí en sus puestos.
Y
todo Judá trajo a los almacenes el diezmo del trigo,
del vino y del aceite.
Puse al frente de los almacenes al sacerdote Selemías,
al escriba Sadoq y Pedaías, porque eran considerados
como personas fieles; les imcumbía distribuir las porciones
a sus hermanos.
Aquí
vemos como al dejarse de dar su ración a los levitas
y cantores, "fue abandonada la Casa de Dios"
(el Templo). Los levitas y cantores se dispersaron, se
marcharon cada uno a trabajar en otras cosas para poder sobrevivir,
y mantener a sus familias, y el culto (la Casa de Dios) fue
abandonado, por culpa de un favoritismo personal. Nehemías
reprende a los consejeros, y restablece a los levitas y cantores.
Esto revela la íntima conexión entre el diezmo,
(la ofrenda dada por el pueblo), la ración que merecen
los levitas y cantores y el culto a Dios en el Templo. Al
faltar el diezmo o faltar la ración a los levitas y
cantores, se viene abajo el culto, y la Casa de Dios es abandonada!
Aquí
quisiera compartir un testimonio personal: Hace 10 años,
tuve que permanecer muy lejos de mi país (México)
durante casi 6 meses, por razones de trabajo, y en mi ausencia,
el ministerio de música de mi comunidad (Jésed)
dejó de reunirse, dejo de haber ensayos y oración,
y los hermanos dejaron de recibir enseñanza y apoyo,
por lo que cada hermano se fue a servir o participar a otros
servicios de la Comunidad. Cuando regresé, la música
y el culto en las asambleas se había venido abajo.
Oré al Señor, pidiendo su dirección,
y al abrir la Biblia al azar, me salió justamente esta
lectura de Nehemías, cuando regresa de viaje, lo que
me conmovió profundamente.
No "reprendí a los consejeros", porque
gran parte de la culpa de este deterioro había sido
mía, al no prever apropiadamente lo que habría
de hacerse en mi ausencia. Sin embargo, lo que hice fue hablar
con los coordinadores de mi comunidad y les pedí que
los cantores fueran invitados a retirarse de otros servicios
y a restablecerse en sus puestos en el Ministerio de Música,
y que la Comunidad nos apoyara en nuestras necesidades. Con
gran esfuerzo logramos restaurar los ensayos, tiempos de oración
y preparación y el compromiso a servir a Dios con excelencia.
El fruto fue tremendo, al restaurar la "ración
de los cantores", y a los cantores en sus puestos, la
oración de la comunidad también se restauró,
y hubo frutos de gracias y bendiciones de Dios muy especiales.
Yo le doy gracias al Señor por habernos guiado en aquella
situación de crisis.
Así
pues, la ración de los cantores no solamente significa
una remuneración económica. Es ante todo el
sustento material y espiritual que la comunidad le otorga
al ministerio de Música y a sus miembros, el apoyo
y el respaldo de nuestros líderes, la intercesión,
el sostenimiento de nuestras necesidades de instrumentos y
equipo de sonido, de enseñanza, de retiros, de apoyo
fraterno y sobre todo de amor y colaboración en nuestros
proyectos.
La
Ración de los Cantores también significa apoyo
económico, cuando éste sea debidamente justificado.
En ciertos casos, algunos de los cantores de una comunidad
o parroquia pueden y deben ser remunerados, cuando este es
un oficio establecido y legítimamente necesario para
la comunidad. Los cantores legítimamente remunerados
son también aquellos que prestan sus regularmente sus
servicios en eventos evangelísticos, misas y celebraciones
litúrgicas como oficios establecidos y del cual obtienen
un sustento y patrimonio digno. También se les puede
contratar para cantar en misas o eventos especiales. Este
es un trabajo honorable que merece ser bien pagado, y al que
debemos dar todo nuestro apoyo y respeto.
Los
hermanos que valientemente han aceptado el llamado de Dios
como cantores o evangelizadores de tiempo completo merecen
de todo nuestro apoyo, y no debemos escatimar en su bienestar,
debemos pagarles dignamente, y cuidar que no solo tengan para
su sustento, sino también dinero y otras posesiones,
para su patrimonio y para proveer dignamente a su familia.
Veamos lo que continúa diciendo la Didaché en
el Capítulo 11:
Todo
auténtico profeta que quiera morar de asiento (permanentemente)
entre vosotros es digno de su sustento. Igualmente, todo auténtico
maestro merece también, como el trabajador, su sustento.
Por tanto, tomarás siempre las primicias de los frutos
del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las
darás como primicias a los profetas, pues ellos son
vuestros sumos sacerdotes. Si no tenéis profeta, dadlo
a los pobres. Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme
al mandato. Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las
primicias y dalas a los profetas. De tu dinero, de tu vestido
y de todas tus posesiones, toma las primicias, según
te pareciere, y dalas conforme al mandato.
Aquí
dice "según te pareciere", dando a
entender que no es una exigencia o cuota preestablecida del
profeta o maestro, sino un discernimiento responsable y generoso
de la persona que da "según el mandato".
Es decir, la persona da al auténtico profeta "según
el mandato", y a la vez "según le pareciere".
Esto es, da en la medida de sus posibilidades, y a la vez
da dignificando el sustento del auténtico profeta.
No
obstante lo anterior, no olvidemos lo que dice la misma Didaché:
Cuando el apóstol se vaya, que no tome nada consigo
si no es pan, hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero,
es un falso profeta.
Reflexionemos
en luz del Espíritu Santo: Cuando el profeta Amós
viajó desde Judá en el Sur, hasta Betel, al
Norte, quien pagó sus "viáticos"?
Quien lo hospedó? Quien le dio de comer? No lo sabemos;
lo que SI sabemos es que profetizó lo que Dios le ordenó,
y que por ello pasó hambres y persecuciones, oposición
y hasta riesgo a morir, porque obedeció el mandato
de Dios. Así debemos ser nosotros en nuestro celo como
auténticos profetas.
Esta
aparente contradicción de la Didaché entre nuestra
obligación a dar de nuestros bienes, dinero, vestido
y sustento para apoyar a los hermanos que sirven al Señor
y la advertencia de que "si pide dinero es un falso profeta"
se aclara distinguiendo lo que debe hacerse por mandato de
Dios, como profetas, y lo que debe hacerse como un oficio
establecido (apóstoles, coordinadores, cantores, maestros,
directores de coro, responsables de música, etcétera)
llamados a servir al pueblo de Dios de manera regular y quizá
de tiempo completo.
Si
nos dan libremente una ofrenda por nuestro servicio, debemos
aceptarla sin siquiera cuestionar si lo que nos dan es mucho
o es poco, pues es una ofrenda que la comunidad nos da en
el amor. Como ejemplo de esto veamos a la familia que construyó
una habitación para hospedar al profeta Eliseo en II
Reyes 4:
Un
día pasó el profeta Eliseo por Sunem; había
allí una mujer principal y le insistió para
que se quedara a comer, y después, siempre que pasaba,
iba allí Eliseo a comer.
Dijo
ella a su marido: "Mira, sé que es un santo hombre
de Dios que siempre viene por casa. Vamos a hacerle una pequeña
alcoba en la terraza y le pondremos en ella una cama, una
mesa, una silla y una lámpara, y cuando venga por casa,
que se retire allí."
Vino
Eliseo en su día, se retiró a la habitación
de arriba, y se acostó en ella.
Hay
hermanos nuestros que han apostado su vida al servicio de
la evangelización por medio de la música y a
veces son objeto de sospecha o de crítica porque son
remunerados o recompensados de una u otra forma. Estos hermanos
han respondido a un llamado de Dios, y hacen lo posible para
equilibrar la liberalidad del evangelio con las necesidades
de su sostenimiento y patrimonio, viviendo muy frugalmente.
Esto es un enorme reto en especial para aquellos hermanos
de quienes depende el sostenimiento de su familia. Cuando
es evidente su vocación de servicio de tiempo completo
o parcial, nuestra obligación es a apoyarles y a no
juzgarles con dureza; podemos apoyarlos comprando sus producciones,
haciendo por ellos lo que esté a nuestro alcance para
sostenerles económicamente y también espiritualmente
con nuestra oración, confiando en que Dios les vaya
estableciendo en un apostolado económicamente viable
y con un ingreso digno y estable. La Iglesia Católica
sufre mucho por la falta de hermanos como estos, por lo que
debemos cuidar a los que tenemos, y apoyar a los que vayan
surgiendo. Muchos de estos hermanos combinan diversas actividades
y fuentes de ingresos:
- "
Produciendo material musical (CDs y Cassettes) y vendiéndolo
en los conciertos y ferias católicas.
- "
Vendiendo otros materiales y productos de difusión
católica. (camisetas, estampas, libros, etc
)
- "
Fundando empresas productoras y distribuidoras de música
católica para vender su material y el de otros hermanos
músicos.
- "
Estableciendo un estudio de grabación propio y/o
vendiendo servicios como productor artístico a otros
músicos.
- "
Cantando en misas y otros eventos donde se puede cobrar
un servicio litúrgico remunerado.
- "
Organizando giras, festivales, y otros eventos que les representen
algún ingreso adicional.
- "
Recibiendo honorarios, donativos o estipendios por cantar
en eventos de evangelización, bajo el discernimiento
apropiado.
- "
Recibiendo, de manera regular, los donativos necesarios
para sostenerse en su apostolado, por parte de benefactores,
o bien apoyados por alguna organización evangelizadora
sin fines de lucro.
- "
Combinando su apostolado con algún trabajo secular
de tiempo parcial.
Muchas
veces una sola de estas fuentes es insuficiente, y conlleva
el riesgo de que el ingreso sea muy variable e inestable.
Para un soltero o soltera que no sostiene a una familia esto
no necesariamente es un problema serio, pues el hermano puede
estar llamado a vivir en pobreza y sencillez evangélicas.
Por otro lado, para un hombre casado y con familia, donde
las necesidades económicas son crecientes, esta inestabilidad
económica puede ser un problema grave, y no creo que
sea el plan de Dios para su vida.
Para
estos hermanos, es posible que dos o tres de estas fuentes
de ingresos, combinadas sabiamente, sean suficientes para
suplir sus necesidades de sustento y para las necesidades
de alimentación, educación, techo y patrimonio
de su familia. Aun así, estos hermanos suelen llevar
una vida de sencillez, y normalmente no son ricos. Créanme,
si quisieran enriquecerse, estos hermanos seguramente podrían
hacerlo de otras maneras menos sacrificadas que andar dando
conciertos de ciudad en ciudad!
Por
ello, para quienes están llamados a esta vocación
de tiempo completo o parcial, cada uno debe discernir, con
la ayuda de su director espiritual o hermanos mayores en la
fe, la forma de combinar estas u otras actividades para que
su apostolado sea económicamente viable y espiritualmente
sano.
Algunos
hermanos de tiempo completo o parcial, combinan muy sabiamente
servicios gratuitos con servicios remunerados, dependiendo
de la naturaleza del servicio. Aquellos servicios que prestan
impulsados por un mandato profético de Dios, los hacen
sin pedir nada a cambio, y los otros servicios los hacen con
una cuota o estipendio. En estos casos lo importante es tener
claro un criterio de distinción entre un caso y el
otro.
Es
muy importante informar anticipadamente a quien nos pide un
servicio la expectativa que tenemos en el tema de la remuneración
económica, porque si esto no se aclara desde antes,
después hay fuertes decepciones, ya sea del organizador,
que no esperaba un cobro por el evento, o de nosotros, que
quizá esperábamos recibir un honorario o donativo
por cantar.
Otros
hermanos podemos estar llamados a ser como Nehemías,
que no solo no fue remunerado por la reconstrucción
de Jerusalén, sino que incluso puso de su propio patrimonio
y dejó temporalmente su oficio en la corte para poder
trabajar en la reconstrucción de la Ciudad Santa, sin
paga alguna, y alimentando a otros "a expensas suyas",
sin otra recompensa que saber que hacía la voluntad
de Dios.
El riesgo para estos últimos hermanos (yo les llamo
aquí los "Nehemias") es que no se valore
debidamente nuestro servicio: Al estar llamados a no pedir
retribución por nuestro servicio apostólico,
nos invitan personas que aunque bien intencionadas, no organizan
apropiadamente los eventos (porque no les cuesta), ponen equipos
de sonido nulo o deficiente, no hacen buena promoción
a los eventos, los locales son de mala calidad y pésima
acústica, y la asistencia es pobre, y a veces es desalentador
e infructífero servir en esas condiciones.
Estos
hermanos "Nehemias" debemos buscar asegurarnos
de que, aunque el servicio se preste gratuitamente, todo se
haga con excelencia, pidiendo una carta del párroco
u obispo del lugar, indicando a los organizadores que deben
cumplir con ciertos requisitos de organización, promoción,
sonorización, etcétera, y asegurándose
de que los cumplen, para que su servicio de fruto y sea según
Dios.
Otra
cosa importante para estos "Nehemías"
es cuidar el buen nombre de nuestros hermanos remunerados,
evitando caer en la tentación de decir que nosotros,
por servir gratuitamente, lo hacemos "según Dios"
y que los otros, los remunerados, son "falsos profetas",
porque sirven "por dinero".
V.3
Maestros
Como
músicos también tenemos la dimensión
de maestros, al enseñar al pueblo como cantar, pero
sobre todo porque en nuestros cantos transmitimos las enseñanzas
de la Iglesia. Esto también merece apoyo, respaldo
y en algunos casos remuneración, cuando la enseñanza
forma parte de un oficio establecido legítimamente
por la comunidad.
Debemos
cantar las enseñanzas de la Iglesia, la sabiduría
de los Padres de la Iglesia, la doctrina católica,
los Himnos de la Liturgia. Nuestro canto debe estar impregnado
de sabiduría.
Históricamente,
el arte ha tenido un papel didáctico en la Iglesia.
Lo vemos en los frescos de las catedrales y en los íconos
de las iglesias antiguas: Todo estaba dispuesto para enseñar
al pueblo, que no sabía leer, las historias que formaban
parte de la Historia de la Salvación. Los maestros
de los nuevos catecúmenos se valían de las imágenes
pintadas para ir enseñando gráficamente los
pasajes mas relevantes de la vida de Cristo, y de la historia
del pueblo de Dios.
Hoy
en día, nuestro pueblo sigue siendo poco educado en
la fe. Muchas veces el catecismo infantil es la única
instrucción religiosa que recibe. Por eso, nuestros
cantos deben ser llenos de enseñanza, y nosotros debemos
ser maestros, al componer y cantar la Palabra de Dios. Es
mucho mas fácil aprenderse una lectura bíblica
si la cantas que si la tratas de memorizar. En esto consiste
la dimensión de maestros que tiene el ministerio de
música.
VI.
Conclusión
Como
profetas, cantores y maestros, tenemos una grave responsabilidad:
Cuando servimos puramente desde nuestra dimensión profética,
no debemos esperar nada a cambio, ni pedir un sueldo o cobrar
por ese servicio como tal.
Cuando
servimos desde nuestra dimensión como cantores, mas
que exigir, debemos amablemente exponer nuestras necesidades
como ministerio o como personas. Es plenamente lícito
tener una cuota establecida para cantar en misas o eventos
litúrgicos, y si vamos a dar un concierto donde vamos
a incurrir en gastos, es lícito pedir que se cubran
esos gastos, y quizá tener una cuota, pero siempre
cuidando no condicionar nuestra labor profética y evangelizadora
a una estricta e inamovible remuneración económica.
En esto hay que discernir muy cuidadosamente si podemos pedir
o no una cuota, estipendio, u honorario por dar un concierto
evangelizador, o simplemente decir que aceptamos lo que la
comunidad quiera darnos en ofrenda, sin condicionar nuestro
servicio a un monto específico. Muchos ministerios
(incluyendo Jésed) se sostienen solamente de la venta
de su material (cassettes, camisetas, libros, etc
) y
pueden servir en los conciertos sin pedir una cuota, solo
pidiendo gastos de transporte, hospedaje y alimentación,
y gastando en esto muy modestamente, hospedándose en
casas de los hermanos, y "comiendo lo que les den".
Otros hermanos, que por vocación de Dios se sostienen
ellos y sus familias de una labor evangelizadora de tiempo
completo, merecen que les demos un trato digno y que les remuneremos,
y que no pongamos juicio contra ellos, pues muchas veces han
apostado su vida y la de sus familias a este llamado.
En
cuanto a ser maestros, nuestro canto debe tener enseñanza
de la Iglesia, para transmitir la sabiduría del Señor
por medio de él, y a la vez debe interpelar y hablar
en el lenguaje de quienes nos escuchan, para acercarlos al
Señor.
Combinar
y balancear estos tres aspectos (profeta, cantor y maestro)
es un reto tremendo, que debe discernirse, cada uno en lo
personal o como ministerio, con la ayuda de un líder
o de un director espiritual. Nunca solos. Es sano que nuestras
finanzas y las finanzas de nuestro ministerio de música
y nuestro apostolado estén en la luz con ese líder
o director espiritual, para que en estas decisiones no caminemos
nunca en tinieblas, a ciegas o como lobos solitarios. La decisión
de trabajar para el Señor en la música como
fuente principal de sustento es una decisión grave
que requiere de mucho consejo, oración y apoyo comunitario,
especialmente cuando tenemos una familia que depende de nosotros.
El
aspecto económico de nuestra vida y de nuestro ministerio
puede traer graves problemas y divisiones si no se maneja
bien, pero también es fuente de gran bendición
y de crecimiento cuando se maneja en la sabiduría y
la voluntad del Señor.
Recordemos que nuestra vocación en el Ministerio de
Música es, como Nehemías, a reconstruir la muralla
espiritual de la Iglesia con cantos que le den al pueblo fortaleza
contra el pecado. Reconstruir el Templo espiritual con cantos
de alabanza, restaurar el culto con cantos de adoración.
Para vivir esta vocación vale la pena darlo todo, dar
de nuestro propio patrimonio y no esperar a cambio recompensa.
Recordemos que los cantos no son para nuestro propio beneficio.
Si de verdad queremos servir a Dios, nuestros cantos deben
convertirse en patrimonio de la Iglesia.
Oremos
hermanos:
Señor:
Tú eres mi Rey y yo soy tu siervo. Tus deseos, y los
deseos de tu Iglesia son ordenes para mí. Envíame
a servir a tu pueblo, a restaurar sus murallas, a reconstruir
su Templo con cantos de alabanza y con cantos de adoración,
para gloria de tu nombre y edificación de tu Iglesia.
Amen.

Si
tienes dudas o comentarios de los temas escribe a la siguiente
dirección: hugo.villegas@jesed.org
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