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NIVEL
AVANZADO
1.
El músico en la comunidad cristiana 
I.
Piedras Vivas
Dios mismo es comunidad, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, y al crearnos a su imagen y semejanza puso en nosotros
también esa naturaleza comunitaria, pues no es posible
que exista el amor si no existen personas a nuestro alrededor
a quien podamos amar.
Por eso Cristo, aunque nos llamó a
cada uno a seguirle de manera personal, quiso que viviéramos
nuestro discipulado en la Iglesia, es decir, en comunidad.
La palabra
comunidad (de “com” “moenia”) significa
“fortaleza común”, o “con
fortificación”, es decir, un baluarte,
una ciudad amurallada, un sitio seguro y rodeado de personas
que se protegen y ayudan unas a otras.
La Palabra de Dios nos dice como debemos
ser parte de una comunidad:
1 Pedro 2,4 Acercándoos a él,
piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa
ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad
en la construcción de un edificio espiritual, para
un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales,
aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.
Así pues, la comunidad no es algo
opcional, es parte de nuestro llamado a seguir a Cristo. Sería
arrogante pensar que no necesitamos de los hermanos para cumplir
nuestra vocación, pues Cristo mismo fundó la
primera comunidad de discípulos. Estaban los 12 apóstoles,
estaban los “70 discipulos” (Lucas 10,1-4) y estaban
Pedro, Santiago y Juan
San Pedro nos dice que somos piedras vivas
de un edificio espiritual, y cada piedra tiene su lugar en
el edificio. Si quitas una piedra del edificio, lo debilitas,
a cada piedra le corresponde un LUGAR ESPECIFICO. Así
a cada persona, en la comunidad, le corresponde un ministerio,
un servicio y una responsabilidad especificas.
Dice la madre Teresa de Calcuta que Dios
repartió dones diferentes a cada persona para la humildad
y para la unidad.. Para la humildad porque es preciso reconocer
que yo no tengo todos los dones, y que mis hermanos tienen
los dones que yo no tengo. Y para la unidad porque al reconocer
en mi hermano los dones que yo no tengo, puedo, uniéndome
a él, tener esos dones a mi alcance, en mi hermano.
Como
dice San Pablo en 1 Corintios 12,4-30:
Hay
diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo;
…Porque en un solo Espíritu hemos sido todos
bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos
y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo
Espíritu.
Así
también el cuerpo no se compone de un solo miembro,
sino de muchos. Si dijera el pie: «Puesto que no soy
mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de
ser parte del cuerpo por eso?…
…Y
no puede el ojo decir a la mano: «¡No te necesito!»
Ni la cabeza a los pies: «¡No os necesito!»
...Si sufre un miembro, todos los demás sufren con
él. Si un miembro es honrado, todos los demás
toman parte en su gozo...
...Ahora
bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada
uno por su parte...
La complementariedad e interdependencia de
los miembros de nuestro cuerpo nos demuestra también
nuestra complementariedad e interdependencia como miembros
del Cuerpo de Cristo.
Por eso, nuestros dones y habilidades de
servicio, y también los dones creativos y artísticos,
florecen y dan mayor fruto en el contexto de la comunidad.
II
La historia de los artistas en comunidad
Veamos como esto sucedió en la historia:
Durante el Renacimiento, existieron comunidades
y escuelas de arte que dieron como resultado un gran florecimiento
de la creatividad, de la fe y de las artes. Miguel Ángel,
Rafael, Leonardo da Vinci, y muchos otros pintores y músicos
pertenecieron a estas escuelas/comunidades, en donde el ambiente
era propicio para aprender, para experimentar, para recibir
una sana crítica de los maestros y aprendices mas avanzados.
En general en estas escuelas/comunidades todo se daba en un
contexto de RESPETO y de CONFIANZA.
También en el Antiguo Testamento,
la construcción y embellecimiento del Templo, y el
ministerio profético y de los Cantores/sacerdotes,
se dio siempre en un ambiente de comunidades, incluso de familias.
Los mismos cantos inspirados e himnos de
los que nos habla el Nuevo Testamento se daban, no en solitario,
sino en las Asambleas de Oración de las comunidades,
como lo vimos en la charla pasada.
No obstante, en la era moderna surgen los
pintores y músicos solitarios, que vivían en
un ambiente mas aislado, mucho menos comunitario y muchas
veces mas cargado de individualismo. Vemos así a grandes
genios como Mozart que viven una tragedia personal y mueren
a veces solos y abandonados. Mozart fue enterrado en una fosa
común! Evidentemente Mozart aún siendo un gran
músico, no fue un hombre muy feliz que digamos, y fracasó
en muchos otros aspectos de su vida personal y afectiva.
Como Mozart nos encontramos también
a muchos otros artistas de esta época: Romanticismo,
impresionismo, modernismo…que sufrieron de esa soledad,
y que en aquel individualismo fueron artistas admirables,
pero llenos de sufrimientos e incomprensiones.
Como veremos enseguida, en la época
moderna existen muchos obstáculos para que un músico
pueda vivir en comunidad y pueda recibir ese apoyo que recibían
en el Renacimiento los artistas.
III.
El aprendiz en la Comunidad
Aprender:
Ser miembro de una comunidad hace muy natural y llevadero
el aprendizaje. Las personas que te enseñan son hermanos
a quienes tu respetas y admiras, hermanos que te aman con
el amor de Cristo y te pueden enseñar con genuino deseo
de que mejores. En cambio, fuera de la comunidad todo aprendizaje
se dificulta por el sentido de competencia, de desconfianza
y de falta de respeto y amor. No estas seguro de la lealtad
ni de las intenciones de las personas de quienes pudieras
aprender y eso te produce inseguridad.
Recibir
Crítica y Corrección Fraterna:
Cuando compuse mis primeras canciones recuerdo que me reunía
con otros hermanos de mi comunidad y se las presentaba. Recibía
siempre críticas y comentarios en amor y respeto, que
me permitían corregir y mejorar las canciones.
Recuerdo también, que cuando llegué
a cometer errores en mi servicio de la música, mis
hermanos me corregían con firmeza, pero siempre con
amor y respeto. Recuerdo que muy frecuentemente llegaba tarde
a las reuniones de la comunidad y la música se veía
afectada porque no instalábamos bien el equipo ni orábamos;
hasta que un día mis hermanos Francisco Figueroa (Ahora
Sacerdote, y un gran hombre de Dios) y John Keating, (soltero
consagrado y compositor de muchas canciones), me llamaron
aparte y me reprendieron severamente por mi irresponsabilidad.
Ambos son hermanos a los que yo quiero y admiro muchísimo,
por lo que su reprensión me caló hondo…
Nunca mas volví a llegar tarde.
Colaboración,
no competencia
En el seno de la comunidad hay muchas oportunidades de colaboración,
porque hay muchos servicios que prestar. Esto se hace siempre
como Cuerpo de Cristo, cada miembro ayudando a los demás,
y nunca en un ambiente de competencia.
En cambio,
en el mundo, los artistas y en especial los músicos,
se ven expuestos a fuerte competencia entre ellos, lo que
no permite que se ayuden ni que aprendan unos de otros. El
mejor ejemplo de eso es una cosa que se llama “La
Academia” que hay aquí en México,
y en la que cada cierto tiempo van eliminando a un
“aprendiz de artista” hasta que se quedan
con el “mejor cantante”. Luego
sacan un disco y lo venden y hacen mucho dinero a costa de
estos pobres muchachos, a los que convierten en “artistas
desechables”, de “música
chatarra”.
Es una cosa horrible! Yo he sabido por personas
que estuvieron allí y que se sintieron explotados,
que a los pobres muchachos les destruyen sus sueños
y sus aspiraciones con críticas totalmente destructivas,
los pobres salen llorando y todos traumados de esa experiencia.
Es justo
lo opuesto de lo que se vive en la comunidad, en donde todos
estamos allí para quedarnos siempre, independientemente
de que seamos “buenos o malos músicos”,
porque somos primeramente hermanos en Cristo, hijos de Dios,
miembros de la Iglesia.
Sin
miedo a equivocarme
En
la comunidad, el ambiente es propicio para que surjan muchos
talentos, que puedan experimentar cosas nuevas, sin temor
a equivocarnos, porque si nos equivocamos sabemos que nuestros
hermanos nos lo dirán honestamente mediante críticas
respetuosas, constructivas y amorosas.
La crítica
en el mundo en cambio llega tarde para el músico. Muchas
veces llega como una recomendación en las revistas
o periodicos: “No compres tal o cual disco, es basura”
O bien,
“el mejor disco del año es tal o cual”…
Para
entonces, el pobre músico ya malgastó su tiempo,
su dinero y su esfuerzo en un estilo o en una experiencia
musical que resultó que “no tiene mercado”…
En la comunidad, sabemos que nuestras canciones
se van primero a probar en la oración de las asambleas,
que nuestros hermanos mayores en la fe nos dirán como
podemos mejorar, y por eso puede florecer mucho mas nuestro
carisma.
IV.
La vida en Comunidad: Un Don de Dios
Protección
para nuestra vida
Como músicos, necesitamos de un ambiente
que nos proteja y nos apoye. A veces nos podemos sentir fracasados
o hundidos en depresión, porque tal o cual cosa no
va bien. Aunque seamos tan capaces como Mozart, es decir genios
musicales, no estamos exentos de estos altibajos en nuestra
vida personal.
Tampoco
estamos exentos de cometer faltas y pecados, y especialmente
como músicos estamos expuestos a las tentaciones de
soberbia, envidia, división, arrogancia, y a llevar
una doble vida entre ser “cantores públicos”
y “pecadores privados”.
La comunidad
nos protege de estos riesgos si vivimos en la luz y compartimos
activamente nuestra vida y nuestras luchas con hermanos maduros
y formados en Cristo, en grupos pequeños de revisión
de vida o “grupos célula”
o “grupos de compartir”. En ese
ambiente, podemos recibir apoyo y dirección de nuestros
hermanos y dar y recibir ánimo e intercesión
para seguir adelante.
Miembros
del Cuerpo de Cristo para siempre
Hay épocas de nuestra vida en que
tenemos que dejar de servir como músicos, y el pertenecer
a la comunidad nos reafirma siempre que nuestra identidad
es ante todo hijos de Dios, y que ser músicos es secundario.
A veces por un cambio de vida: matrimonio, estudios, trabajo,
enfermedad, dificultades económicas o familiares, tenemos
que dejar el servicio, pero no por eso debe afectarse nuestra
identidad.
Fuera de una comunidad podemos sentirnos
atrapados en la trampa de creer que nuestra valía y
nuestra identidad proceden únicamente de lo que hacemos,
del servicio que prestamos etcétera. Y no se diga en
el mundo: El músico que deja de cantar o de producir
es “desechado” como si fuera un objeto inútil.
En la comunidad, somos hermanos para siempre,
y aunque dejemos de servir, seguimos siendo hermanos, ese
vínculo de ser miembros del Cuerpo de Cristo nunca
se rompe, es más, el cuerpo vela especialmente por
sus miembros afligidos, heridos o en desgracia, por los que
sufren. Me encanta la comparación del dedo meñique
del pie, que dice mas o menos así:
Imagínate
que eres miembro de una comunidad y hay un hermano con el
que tienes poca relación. Un día ese hermano
se enferma y se queda sin trabajo. Tú pudieras decir:
“Bueno, en realidad yo no tengo mucha relación
con ese hermano, por lo que no estoy obligado a ayudarle…
Es mas casi no lo conozco, por lo que se vería muy
mal que yo le ayudara…”
Ahora
piensa que eres la mano en el Cuerpo de Cristo, y que ese
hermano es el dedo meñique del pie. De pronto el dedo
meñique recibe un golpe. ¿Qué hace el
cuerpo? ¡Inmediatamente todo el cuerpo reacciona para
sobarse el dedo, para protegerlo y sanarlo! Imaginate que
tú, como la mano del Cuerpo dijeras: “Bueno,
yo no tengo relación con ese dedo meñique DEL
PIE, convivimos muy poco, está tan lejos allá
abajo…” CLARO QUE NO!!, por el contrario, tú
de inmediato, en un acto reflejo vas y ayudas al dedo lastimado
junto con todo el Cuerpo.
Así es la Comunidad. A veces nos toca
ser mano, y a veces nos toca ser dedo meñique del pie,
y recibir un pisotón, para luego recibir el amoroso
cuidado de nuestros hermanos.
Lugar
de Fiesta y de Perdón:
En donde hay amor hay corazones abiertos, y por lo tanto vulnerables.
Como dice Jean Vanier, en su libro “Comunidad,
Lugar de Fiesta y de Perdón”, la comunidad
es el lugar en donde mas heridas recibimos, mas golpes, mas
ofensas, porque nos hacemos vulnerables a nuestros hermanos.
Cristo mismo se hizo vulnerable por amor
y murió en la Cruz!! Si tememos ser heridos, terminamos
por levantar muros de indiferencia, barreras de incomunicación,
y ya no seremos heridos, pero ya no podremos amar y dejaremos
de ser comunidad.
La solución es, y así lo planeó
Cristo mismo, que en la comunidad aprendamos a celebrar continuamente
el PERDON. En la comunidad estamos llamados a “florecer
desde nuestras heridas”, y a que nuestros frutos mas
hermosos sean justamente aquellos que surjan de nuestras heridas.
Dado que hay mucha interacción y nuestro corazón
esta abierto y vulnerable, tenemos que perdonar y ser perdonados
muy seguido… Hasta 70 veces Siete!!
Como las llagas de Cristo, algunas heridas
que recibimos en la comunidad nunca se cierran, pero se convierten
en ventanas de santificación, y de ellas florecen los
mejores frutos de misericordia, perdón y compasión.
Yo ya tengo 25 años en la comunidad
Jésed, y creo que ya le conozco todos los defectos
a mis hermanos de comunidad. Aunque la comunidad ha crecido
mucho últimamente (somos mas de 600 miembros) y con
algunos hermanos tengo poca relación o casi no los
conozco.
Pero
de los “viejos hermanos”, ya
se cuales siempre se equivocan en tal o cual cosa, quienes
son impuntuales, quienes piden libros prestados y no los devuelven
y quienes son desordenados. De estas y otras cosas que no
voy a decir porque los amo, ya los he perdonado muchas veces,
y ellos me han perdonado a mí de muchas cosas que no
diré.
Ciertamente mis hermanos han cambiado un
poco con los años, pero no mucho. Yo también
creo que he cambiado, creo que he mejorado un poco en 25 años,
pero sigo teniendo los mismos defectos, y mis hermanos me
siguen perdonando.
En la comunidad, el perdón y la fiesta
son el pan de cada día.
V.
Diversas formas de Comunidad
Hablar
de comunidad requeriría de todo un tratado. Recomiendo
muchísimo leer ese libro de Jean Vanier que cité
arriba: “Comunidad Lugar de Fiesta y de Perdón”.
Baste aquí decir que existen muchas
formas de comunidad, pero Dios a todos nos llama a vivir comunidad
de una u otra forma, en mayor o menor grado.
Comunidades
super-cercanas
La familia, las casas de las congregaciones
religiosas, las comunidades de alianza que viven juntos, las
fraternidades que comparten un mismo techo son este tipo de
comunidad.
Comunidades
Cercanas
Las comunidades de alianza, los grupos apostólicos
con grupos de compartir o grupos de “revisión
de vida”, las familias religiosas son este tipo de comunidad
Comunidades
Parroquiales y diocesanas
Las parroquias, las diócesis, etc… conforman
este nivel mas amplio y abierto de comunidades.
Primera
identidad: La Iglesia Católica
Antes que ser miembros de tal o cual comunidad somos miembros
de la Iglesia Católica, y esa es nuestra identidad
fundamental: Hijos de Dios, bautizados en el seno de nuestra
Santa Madre Iglesia. Eso no es impedimento para que nuestras
relaciones mas intensas se den en un contexto comunitario
mas pequeño, mas intimo y familiar. Por eso la familia
es la “Iglesia doméstica por excelencia”
porque aunque no agota ni abarca a toda la Iglesia, tiene
en sí los elementos fundamentales de la comunidad:
Amor y Compromiso (Que por cierto esto significa Jésed:
Amor misericordioso y comprometido).
Por eso
Dios nos llama estrechar lazos y vínculos de amor y
de compromiso con nuestros hermanos, y a tener misericordia
unos con otros, evitando el “capillismo”
es decir, el aislamiento del grupo respecto del resto de la
Iglesia; dando mas prioridad y continuidad a aquellos hermanos
con los que nos hayamos comprometido a formar una comunidad,
pero no renunciando jamás a servir y a amar a los hermanos
que por su lejanía o por “no ser miembros de
mi comunidad” son el “dedo meñique”
del Cuerpo de Cristo.
VI. Oración Final
Padre
Celestial, en el nombre de Jesús, te pedimos que nos
des el don de formar en torno nuestro verdaderas comunidades
de amor, de fidelidad y de compromiso, donde puedan florecer
los dones que nos has dado, para la Gloria de tu Nombre y
para bien de toda tu Iglesia.
Te pedimos
especialmente por nuestros hermanos músicos que están
solos, que no tienen una comunidad cercana que les apoye.
Dales tu amor y tu consuelo en sus momentos difíciles.
Provéeles, Señor de una comunidad, guíalos
a donde tú quieres que ellos se integren, y pon en
su camino a hermanos y hermanas que les puedan apoyar y formen
con ellos una gran familia de familias.
Amen.

Si
tienes dudas o comentarios de los temas escribe a la siguiente
direccion: hugo.villegas@jesed.org
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