NIVEL
INTERMEDIO
11. El Ministerio de Música en las Asambleas
de Oración
I.
La experiencia de Jésed
Un elemento fundamental de Jésed como
Ministerio de Música es que nuestro servicio a la Iglesia
está arraigado en nuestra vida comunitaria y en nuestra
actividad regular de dirigir la música de las asambleas
de oración en nuestra comunidad.
La Comunidad Jésed tiene 25 años
celebrando todas las semanas asambleas de oración:
cada 2 semanas tenemos la asamblea general, con mas de 600
adultos, unos 200 jóvenes y alternadamente, cada 2
semanas tenemos las asambleas en grupos de 100, lo que permite
conocerse mas y construir vínculos fraternos mas fuertes
y profundos. Algunas veces tenemos asamblea con nuestros niños
(unos 300). También celebramos la santa misa y tiempos
de adoración al Santísimo Sacramento en algunas
asambleas generales. Todo esto nos da sentido e identidad,
para ser, en el corazón de la Iglesia, una gran familia
de familias.
Todos estos elementos de vida comunitaria, junto con los campamentos
para nuestros niños, nuestras misiones de matrimonios,
solteros profesionistas, universitarios y adolescentes hacen
que nuestra música sea muy familiar y comunitaria,
y que como ministerio siempre estemos procurando llevar este
mismo ambiente de oración comunitaria a nuestros conciertos,
promoviendo la participación de la comunidad que asiste
y la celebración por encima de una presentación
virtuosa de talentos musicales. (que francamente, no tenemos
muchos, todo es gracia de Dios).
Nos gusta sobre todo que la gente participe
y cante con nosotros, y llevarlos a la presencia del Señor
por medio de la oración y el canto es nuestra mayor
alegría, es nuestra razón de ser.
II.
¿Por qué es importante la música en nuestras
asambleas y celebraciones?
Primero que nada, debemos recordar que la
idea de usar música en las reuniones y asambleas de
las comunidades cristianas no es nueva, sino que viene desde
la fundación misma de la Iglesia, como lo narra el
Nuevo Testamento
En Hechos 2,41-47 nos cuenta la Palabra de
Dios que después de Pentecostés, Los que acogieron
su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron
unas 3.000 almas.
Nos cuenta
que “Acudían asiduamente a la enseñanza
de los apóstoles, a la comunión, a la fracción
del pan y a las oraciones”, y que “todos
los creyentes vivían unidos y tenían todo en
común; vendían sus posesiones y sus bienes y
repartían el precio entre todos, según la necesidad
de cada uno”.
Finalmente nos dice que Acudían al
Templo todos los días con perseverancia y con un mismo
espíritu, partían el pan por las casas y tomaban
el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el
pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad
a los que se habían de salvar.
Mas adelante, San Pablo exhorta a los colosenses
con estas palabras:
Col 3, 16-17: La palabra de Cristo habite
en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos
con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos
inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias por su medio a Dios Padre.
Existen muchos testimonios históricos de nos demuestran
que el canto siempre estuvo presente en la vida naciente de
la Iglesia, y que TODO EL PUEBLO CANTABA.
El que
todo el pueblo cante es algo fundamental del sentido comunitario
de nuestras asambleas. No se trata de asambleas en donde los
cristianos se reunían a escuchar “un
concierto” o a oír cantar y tocar a
unos cuantos virtuosos, sino de experiencias comunitarias
donde el mismo pueblo iba cantando y creando cánticos
inspirados, en un ambiente de apoyo fraterno, no de competencia,
de show o de concurso.
Por eso
las canciones mas hermosas que nos da el Señor son
en las asambleas de oración, en medio de nuestro pueblo,
un pueblo de reyes, sacerdotal, santo y consagrado para las
alabanzas a Dios, como dice 1 Pedro 2, 9-10:
Pero
vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel
que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz, vosotros
que en un tiempo no erais pueblo y que ahora sois el Pueblo
de Dios, de los que antes no se tuvo compasión, pero
ahora son compadecidos.
Así pues, nuestra razón de ser es “anunciar
las alabanzas de Dios”, para eso fuimos constituidos
como Pueblo, y para eso nos reunimos en las asambleas. Y como
sabemos, la mejor manera de anunciar las alabanzas es cantando
y exultando a Dios con todo nuestro ser.
III.
¿Por qué alabamos y adoramos a Dios en las asambleas
de oración? (Repaso de
“La música
en la alabanza y la adoración”,
del Nivel Básico)
Demos un repaso de esa charla que vimos en
el nivel básico:
Veíamos que la alabanza es la expresión
jubilosa y exultante de amor a Dios. Cuando alabas a Dios,
sueles hacerlo de pie, en voz alta, incluso levantando las
manos, saltando o danzando. Vemos ejemplos de alabanza en
los salmos 149 y 150: “Alabadle con tamboril y danza,
con salterio y trompeta…” La alabanza es exterior,
libre y celebrativa.
Solemos comenzamos nuestras asambleas de
oración con Alabanza, y la música viene a ser
como la campana que nos congrega a entrar al templo. Nuestro
cuerpo es templo del Espíritu, y la alabanza mueve
a nuestro ser a entrar a la presencia de Dios. La alabanza
atrae los sentidos exteriores a volverse hacia Dios. Como
dice el Salmo 95,1-2: “Venid, cantemos gozosos a Yahveh,
aclamemos a la Roca de nuestra salvación; con acciones
de gracias vayamos ante él, aclamémosle con
salmos”.
Y la alabanza esta cargada de alegría
y gratitud, como dice el Salmo 122:
¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: Vamos
a la Casa de Yahveh!, ¡Ya estamos, ya se posan nuestros
pies en tus puertas, Jerusalén!. Jerusalén,
construida cual ciudad de compacta armonía, a donde
suben las tribus, las tribus de Yahveh, es para Israel el
motivo de dar gracias al nombre de Yahveh.
Reunirnos a alabar a Dios también
es reunirnos con nuestros hermanos y amigos, y juntos alabar
a Dios. Como continúa el Salmo 122, 8: Por amor de
mis hermanos y de mis amigos, quiero decir: ¡La paz
contigo!
Nuestra relación con Dios lleva un proceso natural
de acercamiento.
Comenzamos
por la alabanza = Levantar las manos, saltar, la
danza, aplaudir, etcétera, el énfasis de la
alabanza es la expresión externa y corporal del culto
a Dios.
Meditación
= La meditación de la palabra, la reflexión,
la oración mental, etcétera: el énfasis
de la meditación es la expresión mental del
culto a Dios.
Adoración:
El susurro del corazón que de recrea junto a Dios,
el silencio, la contemplación… El énfasis
de la adoración es el culto espiritual.
Así pasamos del cuerpo a la mente
y luego de la mente al espíritu. Nos vamos como “adentrando”
en Dios.
No podemos quedarnos solo en alabar a Dios
en lo exterior, debemos profundizar mas y mas, como pasar
de.los Atrios, el lugar Santo y finalmente el Santo de los
Santos.
Somos “Guias de turistas del Templo”
Los
músicos somos los “guías de turistas”
en el caminar del pueblo hacia el interior del Templo de la
Alabanza y la Adoración. Primero los invitamos a venir
a los atrios, , pero no podemos dejarlos en los Atrios de
la alabanza. Debemos de conducirlos, con los cantos, a entrar
al lugar Santo, y luego, debemos llevarlos mas adentro, a
la adoración. No debemos temerle al silencio de la
adoración en nuestras asambleas.
Debemos
ser guías muy respetuosos de este camino espiritual
de la comunidad, escogiendo cuidadosamente los cantos para
llevar a la asamblea al momento y “lugar” que
debe estar viviendo.
IV.
Consejos prácticos para el Ministerio de música
en las asambleas
IV.1
Cantorales: Es muy importante que la comunidad
tenga la letra de los cantos, y para ello necesitamos libros
de cantos. Nuestros libros deben ser prácticos, de
letra grande, con un índice, con los acordes de guitarra
para los que tocan, y que todo mundo pueda tener libro de
cantos. Antes de iniciar el canto, o durante los primeros
acordes de introducción, conviene decir por el micrófono:
“Canto Número Tal” para que la asamblea
lo busque. Adicionalmente conviene proyectar la letra de los
cantos con un proyector y una computadora o con acetatos.
Algunas comunidades no llevan el cantoral a la asamblea, sino
que solo usan el proyector y con eso tienen. De todos modos
tienen libros de cantos para la oración en sus casas.
IV.2
Tiempo para instalación del sonido y oración:
Si la asamblea inicia a las 10:30 a.m. debemos llegar desde
las 9:30 a.m. para tener tiempo de instalar y probar el sonido,
y para orar como ministerio de música antes de que
inicie la asamblea. También debemos quedarnos al final
para ayudar a desinstalar y recoger el sonido. Recuerda que
el Ministerio de Música debe ser el primero en llegar,
y muchas veces es el último en irse, de nuestras asambleas.
IV.3
Varios Equipos: Muchas veces conviene tener
mas de un equipo del ministerio de música y así
poder servir por turnos: Una asamblea toca un equipo y la
siguiente el otro equipo. Esto permite varias cosas: (a) Ir
capacitando a nuevos miembros y que tengan oportunidad de
servir. (b) los miembros pueden participar de la asamblea
libremente y “descansar” cuando no les toca servir,
(c) Evitar el protagonismo y evitar llegar a la percepción
de que Fulanito o Zutanito es indispensable. En Jésed,
por ejemplo, tenemos 3 equipos, uno de ellos lo dirijo yo,
y los otros los dirigen Rodrigo Carretero y Chuy Torres. Después
de 25 años de servicio, es un alivio saber que nadie
es indispensable en el servicio al Señor. También
le da variedad al estilo de las asambleas. Por ejemplo, cuando
es la Asamblea posterior al campamento de niños, toca
el equipo de Rodrigo (Generación Jésed) que
se saben muy bien los cantos para niños, y nos ponen
a todos a brincar y a correr como niños.
IV.4
Miembros confiables y apropiados. Es muy importante
que los miembros de la comunidad que sirvan en las Asambleas
como parte del Ministerio de Múscia tengan los 3 requisitos
básicos: Visión, Dones y Disponibilidad. Creo
que ya mencionamos estos 3 requisitos en otra charla, pero
vale la pena recordarlo: (a) Tener la Visión es tener
la formación espiritual y comprensión de la
naturaleza espiritual de nuestro servicio. Para ello conviene
que la persona vaya recibiendo enseñanza y formación
en el Ministerio de Musica. (b) Tener los dones es tener las
habilidades que se requieren para la música: saber
tocar bien, y/o saber cantar bien. (c) Tener la disponibilidad
es, además de tener disposición, tener el tiempo
para ejercer el servicio. Nadie puede servir bien si solo
tiene 2 de estos 3 requisitos. Si alguien solo tiene 1 o 2
no conviene que sirva en las asambleas. Quizá puede
pertenecer al Ministerio de Música y estar en “formación”
pero NO CONVIENE que lo pongamos a servir, porque nos va a
fallar en algo, y será fuente de frustración
para la persona y para el ministerio.
IV.5
Hablar con el líder de la Asamblea
Antes de iniciar la asamblea conviene hablar con el líder
que la va a dirigir para que nos diga que enseñanza
va a haber, o en que línea va a ir. El líder
nos dirá que es lo que el tiene en mente, o si va a
haber algo especial ese día, y así podremos
preparar la selección de cantos con anticipación.
IV.6
No echar rollo (no hablar demasiado)
Algunos hermanos hablan antes de iniciar el canto, animando
a la asamblea a tal o cual cosa. Yo no lo hago, porque siento
que ese es el rol del líder de la asamblea. Claro todo
depende de las circunstancias y de la comunidad en la que
participas. En todo caso, si quieres decir algo antes de iniciar
un canto, que tu participación sea breve, y centrada
en impulsar a la Asamblea a la presencia de Dios.
IV.7
El Ministerio de Música debe participar de la Asamblea
Es importante que no hagamos distinciones entre nosotros y
el resto de la comunidad. Somos ante todo, miembros de la
comunidad y debemos participar en la Asamblea. Si todo mundo
se pone de rodillas y pide perdón a Dios, nosotros
debemos también ponernos de rodillas y pedir perdón.
Así como el coro DEBE pasar a comulgar en la misa,
así también en las asambleas debemos participar
de todo. Si los padres van a orar por sus hijos, eso mismo
deben hacer los miembros del ministerio de Música,
aunque se quede tocando solo uno o dos.
A veces la tentación es de diferenciarnos de la comunidad
porque “estamos sirviendo”, y ciertamente nuestro
servicio nos exige cierta diferenciación (llegar mas
temprano, irnos mas tarde, no distraernos, no salirnos) pero
JAMAS debe ser motivo de “privilegios”
o “beneficios”.
IV.8
Ubicación
Conviene ubicar al Ministerio de Música en un sitio
en el que pueda haber contacto visual entre el líder
de la asamblea y el líder del ministerio, para que
puedan darle mas fluidez a la asamblea. Otro elemento a considerar
para encontrar la ubicación óptima es el equipo
de sonido. Si el equipo de sonido lo permite, deberíamos
colocar al ministerio a un lado o frente a frente con el líder
de la asamblea. A veces esto no es posible, y entonces nos
colocamos en donde sea mejor para la sonorización,
pero procurando conseguir el contacto visual con el líder
de la asamblea.
V. Servir en Amor
Servir
en las asambleas de una comunidad siempre tiene sus momentos
difíciles, puede haber incomprensión, malos
entendidos, fallas y llamadas de atención cuando cometamos
errores. Después de algún tiempo, servir regularmente
en las asambleas puede volverse tedioso y pesado. Siempre
debemos tener en cuenta el amor, como dice San Pablo, en Colosenses
3, 12 a 17:
Revestíos,
pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas
de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia,
soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente,
si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os
perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima
de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo
de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros
corazones, pues a ella habéis sido llamados formando
un solo Cuerpo. Y sed agradecidos.
Estas
palabras de San Pablo presiden a las que veíamos al
inicio de la charla:
La palabra
de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos
y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos,
himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis,
de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor
Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre.
Recuerdo muy bien que en la primera Asamblea
de Jésed en que me tocó participar como líder
del Ministerio de Música yo me había fracturado
un brazo, y no pude tocar la guitarra. Como guitarrista que
soy, yo no podía concebir dirigir la música
en una asamblea sin tener una guitarra en mis manos, pero
ese día el Señor me mostró que eso no
era indispensable. También recuerdo que recién
entrado a la comunidad, David Mijares era el líder
del Ministerio. Yo quería entrar de inmediato pero
“por alguna razón” no me lo permitían.
Y es que NO TENIA LA VISION! Yo quería tocar porque
me gusta tocar, y toco bien, tenia disposición, disponibilidad,
tenía dones y habilidades, pero David sabía
que si me ponía a tocar me iba a olvidar de ORAR!
Había estado tratando de entrar mucho
tiempo, (6 meses, que se me hicieron eternos!) y me permitieron
entrar cuando vieron que ya no me aferraba tanto a ello, y
que estaba orando y aprendiendo. Y luego, cuando me fracturé
el brazo, y no pude tocar, fue cuando David dijo que estaba
listo para dirigir el Ministerio de Música. Ese día
el Señor me dio una buena lección: La mirada
de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira
las apariencias, pero Yahveh mira el corazón. 1 Sam
16,7
Amen

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tienes dudas o comentarios de los temas escribe a la siguiente
direccion: hugo.villegas@jesed.org
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