Jesús
fue asesinado. Pedro se conmocionó y se desesperó, juró
que no lo conocía para evitar que no lo asesinaran también. Ahora se
siente oprimido por el remordimiento. Pero un acontecimiento sin precedentes
ocurre: Jesús está vivo y le confia a Pedro y a los otros apóstoles
la misión que marcará sus vidas: "Anunciar mi palabra en los lugares
más recónditos de la tierra".
Es perseguido, al igual que sus compañeros por Saúl, pero este sufre
un cambió que lo convierte al cristianismo bautizándose con el nombre
de Pablo y convirtiéndose en el humilde discípulo de Pedro.
Cuando Pablo es detenido y ejecutado, Pedro huye de la ciudad y camino
a Appian reconoce a Jesús en un peregrino que se dirige a Roma. "Voy a
dejar que me crucifiquen otra vez", le dijo a Pedro. El apóstol comprende:
él debe seguir al Mesías hasta el final y vuelve a Roma, en donde lo crucifican.
Su sacrificio pone fin a las persecuciones y elimina de una vez por todas
la tensión que divide a la comunidad cristiana. Es el comienzo de una nueva
era.
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