|
30.
Señales de humo
(Una historia
que nos ayuda a no perder la esperanza en Dios y en su gracia
salvífica )
El
único sobreviviente de la inundación de un
barco a causa de una terrible tormenta terminó en
una isla completamente inhabitada. El hombre, desesperado,
rezaba incansablemente a Dios pidiendo por su rescate; todos
los días miraba hacia el horizonte en busca de alguna
señal de algún barco pero nada parecía
asomarse.
Cansado, decidió construir una pequeña choza
donde pudiese protegerse de las inclemencias del clima y
poner en un sólo lugar sus pocas pertenencias. Pero
un día, mientras escarbaba en el duro suelo en busca
de alimentos se dio con la sorpresa de que su pequeña
y pobre choza era consumida por el fuego de las llamas.
Lo peor había pasado, pues todo se había perdido.
El hombre estaba devastado y entró en una profunda
depresión.
- "¡Dios mío como pudiste hacerme esto!",
lloró amargamente.
Al día siguiente, muy temprano por la mañana,
el hombre despertó por el sonido de un barco que
se aproximaba a la isla. Venían a rescatarlo.
- "¿Cómo supieron que estaba aquí?",
preguntó a los hombres que lo rescataron
- "Vimos tus señales de humo", contestaron
ellos.
Es muy fácil perder la esperanza y desalentarnos
cuando las cosas no salen bien. Sin embargo, jamás
debemos perder la fe en Dios porque Él está
siempre pendiente de todo lo que nos sucede, aún
cuando nuestras dificultades nos sumerjan en un profundo
dolor y sufrimiento, Él estará ahí
para confortarnos con su gracia y amor.
Recordemos la próxima vez que cuando nuestro corazón
esté ardiendo en llamas, puede ser una señal
de humo para que Dios con su infinito amor y gracia venga
a nuestro auxilio.
Y, para todas aquellas cosas negativas que solemos decirnos
a nosotros mismos, Dios siempre tuvo y tiene palabras reconfortantes
y muy esperanzadoras.
Nosotros decimos: "Es imposible" Dios dice: "Lo
imposible para los hombres es posible para Dios" (Lucas
18, 27)
Nosotros decimos: "Estoy muy cansado" Dios dice:
"Yo os daré descanso" (Mateo 11, 28-30)
Nosotros decimos: "Nadie realmente me ama" Dios
dice: "Yo te amo" (Juan 3, 16; 13, 34)
Nosotros decimos: "No puedo seguir" Dios dice:
"Mi gracia es suficiente" (II Corintios 12, 9)
Nosotros decimos: No puedo hacerlo Dios dice: "Todo
lo puedo en Aquel que me conforta" (Filipenses 4,13)
Nosotros decimos: "No estoy disponible" Dios dice:
"Siempre estoy disponible" (II Corintios 9, 8)
Nosotros decimos: "No me puedo perdonar" Dios
dice: "Yo te perdono" (I Jhon 1, 9; Romanos 8,
1)
Nosotros decimos: "Tengo miedo" Dios dice: "No
te he dado un espíritu de temor" (II Timorenses
1,7)
Nosotros decimos: "No soy lo suficientemente inteligente"
Dios dice: "Yo te he dado sabiduría" (
I Corintios 1, 30)
Nosotros decimos: "Me siento solo" Dios dice:
"No te dejaré ni te abandonaré"
(Hebreos 13, 5)
|