|
27.
Las piedrecitas azules
(Una historia
que nos enseña a seguir el Plan de Dios).
Habían
dos piedrecitas que vivían en medio de otras en el
lecho de un torrente. Se distinguían entre todas
porque eran de un intenso color azul. Cuando les llegaba
el sol, brillaban como dos pedacitos de cielo caídos
al agua. Ellas conversaban en lo que serían cuando
alguien las descubriera: "Acabaremos en la corona
de una reina" se decían.
Un día por fin fueron recogidas por una mano humana.
Varios días estuvieron sofocándose en diversas
cajas, hasta que alguien las tomó y oprimió
contra una pared, igual que otras, introduciéndolas
en un lecho de cemento pegajoso, lloraron, suplicaron, insultaron,
amenazaron, pero dos golpes de martillo las hundieron todavía
más en aquél cemento.
A partir de entonces solo pensaban en huir. Trabaron amistad
con un hilo de agua que de cuando en cuando corría
por encima de ellas y le decían:
- "Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos
de está maldita pared".
Así lo hizo el hilo de agua y al cabo de unos meses
las piedrecitas ya bailaban un poco en su lecho. Finalmente
en una noche húmeda las dos piedrecitas cayeron al
suelo y yaciendo por tierra echaron una mirada a lo que
había sido su prisión. La luz de la luna iluminaba
un espléndido mosaico. Miles de piedrecitas de oro
y de colores formaban la figura de Cristo.
Pero en el rostro del Señor había algo raro,
estaba ciego. Sus ojos carecían de pupilas. Las dos
piedrecitas comprendieron. Eran ellas las pupilas de Cristo.
Por la mañana un sacristán distraído
tropezó con algo extraño en el suelo. En la
penumbra pasó la escoba y las echó al cubo
de basura.
Cristo tiene un plan maravilloso para cada uno de ustedes,
y a veces no lo entendemos y por hacer nuestra propia obra
malogramos lo que él había trazado.
Son ustedes las pupilas de Cristo. Él los necesita
para que a través de ustedes pueda llevar el amor
al mundo.
|