|
25.
La rosa y la mendiga
(Una historia
que nos enseña la generosidad del corazón
humano).
Durante
su estadía en la ciudad de París, el poeta
alemán Reinero María Rilke pasaba todos los
días por un lugar donde se hallaba una mendiga. Ella
estaba sentada, espaldas a un muro de una propiedad privada,
en silencio y aparentemente sin interés en aquello
que solía ocurrir a su alrededor.
Cuando alguien se acercaba y depositaba en su mano una moneda,
rápidamente con un ademán furtivo guardaba
ese tesoro en el bolsillo de su desgarbado abrigo. No daba
nunca las gracias y nunca levantaba la vista para saber
quién fue el donante. Así estaba, día
tras día, echada de espaldas contra aquella pared.
Un día, Reinero María pasó con un amigo
y se paró frente de la mendiga. Sacó una rosa
que había traído y la depositó en su
mano. Aquí pasó lo que nunca había
ocurrido: la mujer levantó su mirada, agarró
la mano de su benefactor y, sin soltarla, la cubrió
de besos. Enseguida se levanta, guarda la rosa entre sus
manos y lentamente se aleja del lugar.
Al día siguiente no se encontraba la mujer en su
lugar habitual y tampoco durante el día siguiente
y el subsiguiente; y así durante toda una semana.
Con asombro, el amigo le consulta a Reinero María
acerca del resultado tan angustiante de su dádiva.
Rilke le dice:
- "Se debe regalar a su corazón, no a su
mano."
Tampoco se aguantó el amigo la otra pregunta acerca
de cómo haya vivido la mendiga durante todos estos
días, ya que nadie ha depositado ninguna moneda en
sus manos.
Reinero María le dijo:
- "De la rosa".
|