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24.
La mejor maestra
Una historia
que nos enseña a no juzgar a las personas sin antes
conocerlas.
El
primer día de clases, la profesora Thompson, maestra
del 5 grado de primaria, les dijo a sus nuevos alumnos que
a todos los quería por igual. Pero eso era una mentira,
porque en la fila de adelante se encontraba hundido en su
asiento Jim Stoddard, a quien la profesora Thompson conocía
desde el año anterior y había observado que
él era un niño que no jugaba bien con los
otros niños, que sus ropas estaban desaliñadas
y constantemente necesitaba un baño. Con el paso
del tiempo, la relación entre la profesora y Jim
se volvió desagradable, a tal punto que ésta
sentía mucho gusto al marcar sus tareas con grandes
taches en color rojo y poner una gran "F" en el
encabezado.
Un día la escuela le pidió a la Sra. Thompson
revisar los expedientes anteriores de cada niño de
su clase y ella puso el de Jim hasta el final. Sin embargo,
cuando revisó su archivo, se llevó una gran
sorpresa. La maestra de primer grado de Jim escribió:
"Jim es un niño brillante con una sonrisa
espontánea. Hace sus deberes limpiamente y tiene
buenos modales; es un deleite tenerlo cerca".
Su maestra de segundo grado escribió: "Jim
es un excelente alumno, apreciado por sus compañeros
pero tiene problemas debido a que su madre tiene una enfermedad
incurable y su vida en casa debe ser una constante lucha".
Su maestra de tercer grado escribió: "La
muerte de su madre ha sido dura para él. Trató
de hacer su máximo esfuerzo pero su padre no muestra
mucho interés y su vida en casa le afectará
pronto si no se toman algunas acciones".
Su maestra de cuarto escribió: "Jim es descuidado
y no muestra mucho interés en la escuela.. No tiene
muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase".
En este momento la Sra. Thompson se dió cuenta del
problema y se sintió apenada consigo misma. Se sintió
todavía peor cuando al llegar la Navidad, todos los
alumnos le llevaron sus regalos envueltos cada uno de ellos
en papeles brillantes y preciosos listones, excepto por
el de Jim. Su regalo estaba torpemente envuelto en el pesado
papel café que tomó de una bolsa del súper.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella
encontró dentro de ese papel un brazalete de piedras
al que le faltaban algunas y la cuarta parte de un frasco
de perfume. Pero ella minimizó las risas de los niños
cuando exclamó:
- ¡Que brazalete tan bonito, poniéndoselo
y rociando un poco de perfume en su muñeca!
Jim Stoddard se quedó ese día después
de clases solo para decir:
- "Sra. Thompson, hoy usted olió como mi
mamá solía hacerlo".
Después de que los niños se fueron, ella lloró
por lo menos durante una hora. Desde ese día ella
renunció a enseñar solo lectura, escritura
y aritmética. En su lugar, ella comenzó a
enseñar valores, sentimientos y principios a los
niños. La señora Thompson le tomó especial
atención a Jim. A medida que trabajaba con él,
su mente parecía volver a la vida. Mientras más
lo motivaba, más rápido respondía.
Al final del año, Jim se había convertido
en uno de los niños más listos de la clase
y a pesar de su mentira de que ella quería a todos
los niños por igual, Jim se volvió uno de
sus consentidos.
Un año después, ella encontró una nota
de Jim debajo de la puerta del salón, diciéndole
que ella era la mejor maestra que había tenido en
su vida. Pasaron seis años antes de que recibiera
otra nota de Jim. Él entonces le escribió
que ya había terminado la preparatoria, había
obtenido el tercer lugar en su clase, y que ella todavía
era la mejor maestra que había tenido en su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta,
diciéndole que no importando que en ocasiones las
cosas habían estado duras, él había
permanecido en la escuela y pronto se graduaría de
la Universidad con los máximos honores. Y le aseguró
a la Sra. Thompson que ella era aún la mejor maestra
que él había tenido en toda su vida.
Luego pasaron otros cuatro años, y llegó otra
carta. Esta vez le explicó que después de
haber recibido su título universitario, él
decidió ir un poco más allá. Y le volvió
a reiterar que ella era aun la mejor maestra que él
había tenido en toda su vida. Sólo que ahora
su nombre era más largo y la carta estaba firmada
por el Dr. James F. Stoodard, M.B.
El tiempo siguió su marcha y en una carta posterior
Jim le decía que había conocido a una chica
y que se iba a casar. Le explicó que su padre había
muerto hacia 2 años le preguntó si accedía
a sentarse en el lugar que normalmente esta reservado para
la mamá del novio. Por supuesto que ella accedió.
Para el día de la boda usó aquel brazalete
con varias piedras faltantes y se aseguró de usar
el mismo perfume que le recordó a Jim a su mamá
la ultima Navidad.
Ellos se abrazaron y el Dr. Stoddard susurró al oído
de la Sra. Thompson:
- "Gracias Sra. Thompson por creer en mi. Muchas
gracias por hacerme sentir importante y por enseñarme
que yo podía hacer la diferencia".
La Sra. Thompson, con lágrimas en sus ojos, le susurró
de vuelta diciéndole:
- "Jim, tú estás equivocado. Tú
fuiste el que me enseñó que yo podría
hacer la diferencia. No sabía como enseñar
hasta que te conocí".
Las experiencias que tenemos a lo largo de nuestras vidas
(gratas y desagradables) marcan lo que somos en la actualidad,
no juzgues a las personas sin saber que hay detrás
de ellas, dales siempre una oportunidad de cambiar tu vida.
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