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22.
La liebre y el tigre
Una historia
que nos enseña a descubrir a nuestros semejantes
como hermanos.
Qué
gran decepción tenía el joven de esta historia,
su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que
se comportaban todas las personas pues al parecer, ya a
nadie le importaba nadie.
Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido
que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme
tigre malherido, el cual no podía valerse por sí
mismo. Le impresionó tanto al ver este hecho, que
regresó al siguiente día para ver si el comportamiento
de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa
pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre
dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.
Pasaron los días y la escena se repitió de
un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó
las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.
Admirado por la solidaridad y cooperación entre los
animales, se dijo:
- "No todo está perdido. Si los animales,
que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de
este modo, mucho más lo haremos las personas".
Y decidió hacer la experiencia. Se tiró al
suelo, simulando que estaba herido y se puso a esperar que
pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó
la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así
durante todo el otro día y ya se iba a levantar,
mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer
esta historia, con la convicción de que la humanidad
no tenía el menor remedio, sintió dentro de
sí todo el desespero del hambriento, la soledad del
enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba
devastado, sí casi no sentía deseo de levantarse,
entonces allí, en ese instante, lo oyó...¡Con
qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz,
muy dentro de él le dijo:
- "Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres
sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo
en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos,
deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre".
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