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21.
Cambio de ojos
(Una historia
que nos enseña a cambiar nuestro necio corazón)
Un
día, Un día un científico había
encontrado la manera de realizar transplantes de córneas,
a partir de unas síntesis de ADN, de manera que los
ciegos podrían ver.
Este hombre era un poco extraño y amaba por igual
a los animales que a las personas; por ello, sus investigaciones
entrelazaban los zoológico y lo antropológico.
Después de haber anotado cuidadosamente sus hallazgos
en una bitácora médica, que suponía
largas y agotadoras jornadas de investigación e interminables
noches de insomnio, el científico quedó vencido
por el sueño sobre su escritorio.
El doctor escuchó que tocaban a su puerta, se levantó
y abrió la puerta. No había nadie. Nadie de
su tamaño, pero había alguien.¿Quién?
Una hormiga, apoyada sobre su bastón. La hormiga
le dijo:
- "Por favor, dicen mis amigas que usted puede devolverme
la vista, y estoy aquí dispuesta a que me opere para
poder ver". El científico sorprendido se dispuso
a operar, cuando escuchó de nuevo que tocaban la
puerta. Se dirigió a ella y era un hombre que había
perdido la vista en una guerra. Este le dijo:
- "Me he enterado que usted a logrado realizar trasplantes
de córnea y que incluso a logrado poner ojos de animales
a los hombres, así que estoy a sus pies implorando
que me opere y me regrese la visión". El doctor
lo hizo pasar al quirófano junto a la hormiga ya
anestesiada. Intervino a ambos, y esperó los resultados.
Al despertar la hormiga, pegó un grito de emoción:
- "Puedo ver, puedo ver ¡Milagro! ¡Milagro!
Y emocionada saltó de la camilla y cogió camino.
Luego despertó el hombre y grito:
- "¡Oh, Dios mío, puedo ver, era cierto,
era cierto! Se dirigió a la puerta y salió
emocionado. El doctor sintió que había hecho
una buena obra y descansó. Al cabo de unos días,
un tropel de hormigas amenazaba con destruir su laboratorio
y una familia enfurecida amenazaba con demandarlo. ¿Qué
había sucedido?
La reina de las hormigas dijo:
- Permítame agradecerle doctor lo que realizó
en mi hija, ella es la heredera al trono, pero queremos
que le regrese su ceguera. Desde que regresó, mira
con ojos de gigante. Ve gigantes los defectos de sus hermanos
y hermanas, me desprecia y me considera una madre despreciable,
digna de reproche por mis limitaciones; ve a su pueblo con
ojos desproporcionados, en ellos sólo ve quejas,
flojeras, malas intenciones, traiciones, ambiciones y eso
la ha llenado de amargura, de desprecio por los demás
y por la vida, regrésenosla ciega por favor.
Por su parte, la familia del hombre le dijo:
- Por favor, denos a nuestro hermano nuevamente ciego, desde
que regresó, todo lo ve pequeño, se ha llenado
de arrogancia, de ingratitud, de engreímiento y soberbia
altanera. Para él no significa nada el tiempo que
le cuidamos, ve relativo y pequeño el que su padre
se despulmone trabajando para que él estudie, se
vista y coma. Para él no significa nada que su madre
deje escapar la vida día a día por lavarle
su ropa, alistar sus camisas, tener a tiempo la comida en
la mesa. El amor, la amistad, el perdón, todo eso
es pequeño, es ínfimo, es relativo; ¡Dénoslo
ciego, por favor, regrésenoslo ciego!
El científico se propuso investigar lo que había
hecho, creyó que se habían contaminados sus
muestras de ADN de hormiga, con las de ADN humano. El doctor
hizo un hallazgo sorprendentemente aterrador. La contaminación
de ADN no fue en su laboratorio, fue miles de años
atrás, en el gran laboratorio de la vida.
Los hombres quisieron ser lo último, quisieron ser
Dios. Desde entonces, tienen una tendencia defectuosa en
su visión, ella agiganta los defectos de los semejantes,
ve enorme los defectos y gigantes los vicios de los demás;
a ese problema le llamó gigantismo miópico,
ya que de cerca sólo ve lo malo de las personas y
lo bueno lo ve turbio distante o no lo ve.
La tendencia de ver pequeño todo lo bueno, y relativo
todo lo noble de las personas y empequeñecer las
virtudes y cualidades, la llamó hipermetropía
hormiguista, ya que de largo ve bien los defectos ajenos
y aunque tenga pegados a sus narices lo bueno, no lo logra
distinguir, ver ni valorar.
Dos defectos en una misma córnea. El doctor descubrió
que se necesita más que una cornea para que el ser
humano vea bien: ¡Necesita un cambio en la manera
de ver! Y esa operación exige un cambio de corazón,
y esa operación sólo Dios la hace.
Entonces, ¿cuántos ciegos tocan a su puerta?
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