|
12.
Una historia de amor
Un
día temprano por la mañana, me levanté
para observar la salida del Sol. ¡Oh, la belleza de
la Creación de Dios queda más allá
de la descripción! Mientras observaba, alababa a
Dios por su bella obra. Mientras estaba sentado ahí,
sentí la presencia del Señor conmigo.
Entonces, Él me preguntó, "¿Me
amas?" Yo contesté, "¡Por
supuesto, Dios! ¡Tú eres mi Señor y
Salvador!" Entonces me preguntó "Si
estuvieras físicamente incapacitado, ¿aún
me amarías?" Me quedé perplejo. Miré
abajo. Mis brazos, piernas y el resto de mi cuerpo y me
pregunté cuántas cosas sería incapaz
de hacer. Las cosas que hoy me parecen tan sencillas. Y
contesté, "Seria difícil, Señor,
pero aún así te amaría" Entonces
el Señor dijo, "Si estuvieras ciego, ¿amarías
aún mi creación?". ¡Cómo
podría amar algo, siendo incapaz de verlo! Entonces
pensé en toda esa gente ciega en el mundo entero
y cuántos de ellos aún aman a Dios y a su
Creación. Así que contesté, "Es
difícil pensarlo, pero aún te amaría."
El Señor entonces me preguntó, "Si
fueses sordo, ¿oirías aún mi Palabra?".
¿Cómo podría oír algo siendo
sordo? Entonces comprendí. Escuchar la Palabra de
Dios no es meramente usar nuestros oídos, sino nuestros
corazones. Contesté, "Sería difícil,
pero aún oiría tu Palabra". El Señor
entonces preguntó, "Si estuvieses mudo, ¿alabarías
aún mi Nombre?". ¡Pero cómo
puedo alabar sin voz! Entonces se me ocurrió que
Dios desea que le cantemos desde nuestra alma y corazón.
No importa cómo sonamos. Y cuando alabamos a Dios
no lo hacemos siempre con un cántico, pero cuando
somos perseguidos, le damos alabanza a Dios con nuestras
palabras de gratitud. Entonces contesté, "Aunque
no pudiera cantarte físicamente, alabaría
aún tu Nombre"
Y el Señor preguntó, "¿En realidad
me amas?" Con valor y profunda convicción,
le contesté resueltamente, "¡Sí
Señor! ¡Te amo por que Tú eres el Dios
único y verdadero!" Pensé que había
contestado correctamente, pero Dios preguntó, "¿ENTONCES
POR QUÉ PECAS?" Contesté, "¡Porque
soy sólo un humano, y no soy perfecto!"
"ENTONCES ¿POR QUÉ EN TIEMPOS DE PAZ
TE DESCARRÍAS TAN LEJOS DE MÍ? ¿POR
QUÉ SÓLO EN TIEMPOS DE ANGUSTIA ORAS SINCERAMENTE?"
No hubo respuestas. Sólo lágrimas. El Señor
continuó, "¿Por qué solamente
cantas en la Iglesia y en los retiros espirituales? ¿Por
qué me buscas sólo en tiempos de adoración?
¿Por qué pides cosas tan egoístas?
¿Por qué pides sin tener fe?" Las
lágrimas continuaron rodando sobre mis mejillas.
"¿Por qué te avergüenzas de mí?
¿Por qué no me entregas tu vida de una buena
vez? ¿Por qué no estas esparciendo las buenas
nuevas? ¿Por qué pones pretextos cuando te
doy la oportunidad de servir en Mi Nombre?" Intenté
contestar, pero no hubo respuesta que dar.
"Eres bendecido con la vida. No te hice para que
desperdiciaras este regalo. Te he bendecido con talentos
para servirme, pero continúas dándome la espalda.
Te he revelado mi Palabra, pero no obtienes el conocimiento
de ella. Te he hablado pero tus oídos estaban cerrados.
Te he mostrado mis bendiciones, pero tus ojos nunca las
vieron. Te he mandado mis siervos, pero permaneciste sentado
inmóvil mientras ellos eran rechazados. He oído
tus oraciones y las he contestado todas." "¿En
verdad me amas?" No podía contestar. ¿Cómo
podría hacerlo? Estaba increíblemente apenado.
No tuve excusa. ¿Qué podía decir a
esto? Cuando mi corazón hubo llorado y las lágrimas
habían fluido, dije "¡Por favor perdóname
Señor! ¡Soy indigno de ser tu hijo!"
El Señor contestó, "Esa es mi Gracia,
mi Hijo" Entonces le pregunté, "¿Entonces
por qué continúas perdonándome? ¿Por
qué me amas tanto?" El Señor contestó,
"Por que tú eres mi creación. Tú
eres mi hijo. Nunca te abandonaré Ni te desampararé.
Cuando llores, tendré compasión y lloraré
contigo. Cuando estés gozoso, me alegraré
contigo. Cuando estés deprimido, te animaré.
Cuando caigas, te levantaré. Cuando te sientas cansado,
te llevaré sobre mis hombros. Estaré contigo
hasta el fin de los días, y te amaré por siempre."
Nunca antes había llorado como en ese momento. ¡Cómo
pude haber sido tan frío! ¡Cómo pude
lastimar a Dios con todo lo que hice! Le pregunté
a Dios, "¿Cuánto me amas?"
El Señor me estrechó en sus brazos, y contemplé
sus manos cicatrizadas por los clavos. Me incliné
a los pies de Cristo, mi Salvador. Y por primera vez, en
verdad oré. Gracias Señor por tu gran amor....
|