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5.
¿Te pondrías de pie?
Es una historia verídica
que sucedió en California.
USC (Universidad de Carolina del Sur).
Había
un profesor de Filosofía que era un ateo profundamente
comprometido: su principal meta cada semestre era probar
que Dios no podía existir. Sus estudiantes siempre
tuvieron miedo de discutir con él por su lógica
impecable.
Durante 20 años, siempre pensó que nadie en
su clase y fuera de ella tenía el valor de ir en
su contra. Claro, algunos habíaan discutido en clase
alguna vez pero nunca realmente en su contra, y no lo hacían
porque él tenía una gran reputación.
Al final de cada semestre, en el último dia, él
diría a su clase de 300 estudiantes: "Si
hay alguien que todavia cree en Jesus, pongase de pie!".
En 20 años nunca nadie lo hizo. Ellos sabían
lo que venía después... él diría:
"Porque todo aquél que cree en Dios es un
tonto. Si Dios existiera, Él lo demostraría
impidiendo que este pedazo de gis se rompiera al golpear
el piso; seria tan sencillo para Él probar que es
Dios, y aún así no puede hacerlo".
Y
asi, cada año azotaba un pedazo de gis en el suelo
para que se rompiera en pedazos. Los estudiantes no podían
hacer más que mirar. La mayoría de los estudiantes
terminaban convencidos de que Dios no existía. Ciertamente,
uno que otro Cristiano se habia colado, pero por 20 años
habían tenido miedo de ponerse de pie.
Pues bien, hace unos años, un joven que había
oido historias sobre este maestro se inscribió en
esta clase, pues sin él no podría terminar
su carrera, tenía miedo. Durante los primeros 3 meses
de aquél semestre, él oraba todos los días
por tener el valor de ponerse de pie, sin importar lo que
dijera el maestro, o qué pensaran sus compañeros
de clase. Nada de lo que dijeran quebrantaría su
fé.
Finalmente llegó el día. El profesor dijo:
"Si hay alguien que todavía cree en Dios,
que se ponga de pie!". El profesor y la clase de
300 alumnos lo miraron fijamente en shock, al momento que
se ponía de pie en el fondo del salón. El
profesor gritó: "¡TONTO! Si Dios existiera,
Él lo probaría evitando que este pedazo de
gis se rompa al golpear el piso!". Acto seguido
arrojó el gis, pero al momento que lo hizo, el gis
se resbalo de sus dedos y fue resbalando por su manga, por
los pliegues de su pantalón y por su zapato hasta
que, intacto, rodó por el suelo. El profesor quedó
con la boca abierta observando el gis en el suelo, después
levantó su mirada al joven que estaba de pie y salió
corriendo del salón.
El joven entonces pasó al frente del salón
y habló de su fe en Jesús por la siguiente
media hora. Los 300 estudiantes escucharon cómo hablaba
del amor de Dios hacia ellos y de su poder.
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