|
José Enciso Funes nació y creció en
una hermosa familia integrada por sus padres (Juliàn y
Vilma) y su hermano menor Marcos. Estudió en el colegio
nacional Los Próceres, ingeniería civil en la Universidad
Ricardo Palma y Master en Dirección de Empresas Inmobiliarias
y Constructoras (Universidad Politécnica de Madrid – Universidad
Católica). Se convierte a los 18 años de edad,
a los 25 se casa con Inés Molina, Dios lo bendijo mucho
materialmente a través de las dos empresas constructoras
que tuvo. A los 30 años atraviesa una durísima
crisis económica cuya consecuencia fue estar muy cerca
al divorcio definitivo, asistió con su esposa a REMA (reencuentros
matrimoniales), pidió ayuda a la Virgen María y
se reconcilió con su esposa. El Señor los llamó a
dejarlo todo para dedicarse a evangelizar a tiempo completo por
medio de la música y la predicación, desde 2001
hasta la fecha son misioneros católicos, viven de la Providencia
, caminando en fe, tienen 4 hijos y el Señor ha confirmado
su ministerio de evangelización con abundantes testimonios
de conversión y sanación.
La Oscuridad
"A los 14 años de edad con el afán
de hacerme “famoso” tocando guitarra y de conocer chicas me integré al
grupo parroquial del barrio de Los Próceres en Surco,
Lima. Aunque también tenía la intención
de hacer algo bueno, la corriente del mundo me arrastró a
cosas que ni me imaginaba pasaría. Para mi familia yo
seguía siendo “Pepito” el buen muchacho, ejemplo para
todos por su bondad, buena educación, aguda inteligencia
y destreza en el arte, sin embargo, nadie sabía que detrás
de este joven había un muchacho con deseos de conquistar
al mundo dispuesto a todo contar de lograrlo. Desde los 14 años
fumaba y tomaba con mis amigos, creía que quien tenía
más mujeres era más macho así que me lo
tomé en serio y a los quince años mi vida sexual
era un completo desorden. A los 16 años ingresé a
una universidad privada a estudiar ingeniería civil y
a la misma edad embaracé a una señorita de 14 años
que luego abortó. Con el afán de demostrar al mundo
que yo valía usaba distintas máscaras, la del chistoso,
mujeriego, inocente, violento, intelectual, “pituco” (que tiene
dinero) y por todo esto me metí en problemas.
Me emborrachaba, fumaba, fornicaba desde los
15 años, los fines de semana me metía en bronca
propia o ajena, muchas veces llegaba borracho de madrugada a
lavar mi camisa de la sangre de las personas a quienes habíamos
golpeado solo o con mi “mancha” (pandilla de amigos), también
me pegaron, me patearon en la cara, pero lo tomaba como parte
de la vida. Aprendí a conquistar a cuanta señorita
se me atravesara, para esto primero las estudiaba en minutos,
descubría sus expectativas, me ponía la máscara
correspondiente y al ataque, utilizaba “la labia” (palabreo)
y sobre todo el baile siendo la salsa el género que más
usaba para cortejar, luego en el momento apropiado le hacía
señas al disc jockey para que ponga una balada y de ahí a
la calle al “bacilón”, cada fin de semana tenía
el reto de superar el récord anterior: número de
mujeres conquistadas en una misma fiesta (algunas veces pasaron
de tres por fiesta y cinco por noche). En donde viví la
gente era muy alegre, yo cantaba, tocaba con guitarra y cajón
peruano todo tipo de música además de ser chistoso
era muy amiguero. Integré la banda de rock “Daga”, en
la que cantaba y tocaba temas de mi inspiración, todos
ellos eran muy pegajosos hablaban de sexo, ron, drogas y el grupo
parroquial también las cantaba. Varias veces toqué en
Misa borracho, no todos sabían de mi doble vida. Todo
este desorden me llevó a fracasar en mis estudios, además
no podía entrar a la ciudad universitaria solo, pues estaba
amenazado de que me iban a pegar. En casa llegué a agredir
a mi padre, golpear a mi hermano, ofender gravemente a mi madre
a quien me costaba perdonar. Lo que más me dolía
era desperdiciar lo que mis padres con tanto esfuerzo y amor
me daban.
A los 18 años había vivido en
la calle un curso acelerado sobre la vida en el mundo y había
probado el sabor amargo de las consecuencias del pecado. Mi mayor
flagelo era el terrible y extremo desorden sexual en el que vivía
que me hacía sentir, sucio, malo, cruel, indigno, débil,
fracasado, esclavo y miserable. Busqué ayuda y refugio
en muchas cosas pero ni la ciencia me pudo librar de todas estas
ataduras. No me acercaba a mi parroquia pues para mi los cristianos
eran unos “mongos” (nerds, tontos) fracasados incapaces de triunfar
en la calle.
La Búsqueda
Un día cansado de tener enamoradas (novias) “del
mundo” con las que vivía solo placer y celos, y decepcionado
de la falta de autenticidad de los católicos decidí tener
una enamorada evangélica. Para esto me puse la máscara
del cristiano piadoso. El primer día que fui a una iglesia
evangélica donde habían chicas muy hermosas y me
vi involucrado en tener que acompañar con la guitarra
a un grupo de predicadores que anunciaban en la calle a Jesucristo,
me quedé impresionado de su valentía, y a pesar
que sentí vergüenza de que la gente me viera con
ellos decidí quedarme en esa iglesia. Mi madre sufría
y rezaba el Santo Rosario por mi, para que me convierta y vuelva
al catolicismo, pero yo me burlaba de ella y de sus imágenes.
Tenía ya ocho meses frecuentando esta iglesia cuando en
la calle me encuentro con un amigo del barrio que me invitó a
su grupo católico, eché a reír, pobrecito
pensé no sabe donde está metido, mi plan era jalarlo
a los evangélicos así que le propuse que también
el vaya a “mi iglesia” el aceptó, fui yo primero a su
grupo y cuando vi lo que hacían le dije: “me dijiste que
eras católico, pero aquí alaban a Dios, oran en
lenguas, saben la Biblia , oran por los enfermos y predican con
poder, ¿dónde estoy?”, él contesto: “en
un grupo de oración juvenil de la Renovación Carismática
Católica, Jesús está vivo y vive en la Iglesia
que El fundó, también rezamos el Rosario y amamos
la Eucaristía ”, me quedé sorprendido y seguí asistiendo
para investigar.
Nueva Vida
Me invitaron a
un retiro de alabanza en donde mi vida cambió rotundamente
el 22 de marzo de 1987, el momento especial fue cuando me dijeron
que le pregunte a Jesús qué le tenía que
entregar para que sea el Señor de mi vida. Cuando lo
hice me dijo: “mi pequeño, te amo con todo mi corazón,
no quiero mucho de ti lo quiero todo, cuando cantes no quiero
que te aplaudan a ti sino a mi, perdona a tu madre, renuncia
a los amigos que te apartan de mi y al desorden sexual en el
que vives”, caí de rodillas y lloré por mucho
tiempo pues sentía que no podía desprenderme
de tantas riquezas y ataduras, así que le dije a llorando
Jesús: “¡Señor, ayúdame!, si estas
vivo líbrame de mis ataduras, permíteme vivir
en castidad, amar a todos, quiero iniciar una nueva vida contigo,
renuncio a todo lo que me aparta de ti, ahora solo me quedas
Tu, te proclamo mi Rey, mi Señor, ayúdame” sentí que
algo me envolvía, sentí su presencia, un gran
fuego interior me estremecía, no sé cuanto tiempo
estuve ahí, pero cuando terminé de llorar por
primera vez experimenté paz, parecía que flotaba,
me di cuenta que había estado acostumbrado a la tensión
y a la angustia, todo era distinto el Señor me abrió el
entendimiento. Al finalizar el retiro fui a la primera Misa
que entendí y disfruté con gozo. Aquel día
volví a nacer, pedí perdón y perdoné a
todos, y se dio el milagro más grande con el que pude
experimentar en mi propia carne el poder de la salvación:
empecé a vivir en castidad sostenido por la gracia de
Dios que encontraba en los Sacramentos. Sólo faltaba
María, le pedí a Jesús que me despejara
tantas dudas sobre su Madre y El me llevó a ella, experimenté la
ternura, protección y poderosa intercesión de
mi mamita María. En el grupo Nueva Vida, evangelizaba
como loco, no podía quedarme callado sin compartir tanta
felicidad, así que predicaba junto a mi enamorada (novia)
Inés en todo sitio a tiempo y a destiempo, en el ómnibus,
universidad, plazas, parques, fiestas, en la calle. El Señor
me dio nuevos amigos, nueva universidad, la gracia de caminar
en castidad y empecé a dar testimono de El en todo lugar,
nadie creía en mi conversión, ni mis padres pues
yo era otra persona totalmente distinta, el Señor utilizaba
mi sentido del humor, el talento musical, y utilizó el
don de “palabrería” para predicar. GLORIA A DIOS." Visita su
página web: www.pepeenciso.com |