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Su
historia.
1969-1979:
Nací en San José de Costa Rica el 22 de Septiembre
de 1969.
Mis padres
José Angel y Elsie me dieron una educación cristiana
desde la infancia que con seguridad influyó más
adelante en mis opciones fundamentales de vida. Mis hermanas Jessica,
con quien crecí durante mucho tiempo por la cercanía
de edades, Vanesa que llegó cuando ya entraba yo en la
adolescencia y José Miguel, mi último hermano…
han sido una presencia cercana y estimulante siempre… cuando
estaba entre ellos y ahora que Dios me tiene lejos físicamente,
pero muy cercano espiritualmente.
No podría
quejarme de nada. Mi infancia fue un tiempo de mucha felicidad.
Dios me ha bendecido con una familia integrada y estable, no sin
excusarnos de los tradicionales problemas de familia, pero que
son como el abono que permite crear relaciones sólidas,
humanas y a la luz de la fe. Mucha exigencia en los estudios y
en las vacaciones siempre a realizar algún trabajo para
ayudar a la casa. Eso me ayudó a crecer en responsabilidad.
Ahora como salesiano el trabajo es mucho y diario. Esa escuela
de familia me preparó para responder ahora a las exigencias
pastorales y artísticas.
Desde niño
tuve una afición especial por la música: …la
radio, los discos, el coro de la escuela, los concursos me hicieron
destacar un poquito del anonimato. Pero sin ninguna duda el año
1980 será siempre importante en mi vida.
1980-1984:
En ese año
feliz conocí a los Salesianos…. Y con ellos cambió
la existencia… “Descubrí la música,
el deporte, el teatro, el compañerismo… a Don Bosco
y con todo eso la fe”. Un simple y sencillo folleto publicitario
que incluía una foto de unos jóvenes con instrumentos
me tiró a decidirme por vivir esa experiencia. Aún
era muy joven, tenía 10 años y tal vez sin penar
dije a mis padres “me quiero al seminario salesiano”.
Hoy puedo decir que “me hice salesiano por la música”.
Ahora veo la mano de Dios en tantos acontecimientos vividos que
han sido “el machete” para limpiar el camino que recorro:
“cantar porque tengo vida, y si la vida viene de Dios, canto
a Dios”.
Entré
al Colegio Salesiano Santo Domingo Savio de Cartago-Costa Rica,
en 1981. Eramos muchos jóvenes con aspiraciones sacerdotales.
Se vivía en mucha alegría, entusiasmo y cercanía
constante de los salesianos que siempre estaban con nosotros.
Esos detalles hacían que en muchos se fortaleciera el verdadero
deseo de seguir a Jesús. Para otros era un colegio como
tantos. Muchos hemos compartido este camino con Don Bosco: algunos
ya no están para contarlo… otros cambiaron el rumbo,
y algunos, pocos, seguimos de frente “fortaleciendo la certidumbre
en este mundo de incertidumbres”. Recién matriculado
e interno en el Colegio comencé a tocar instrumentos, participar
en los conjuntos, en concursos, en teatro, etc. Algunos de lo
salesianos que me enseñaron ahora son mis hermanos de comunidad
religiosa y siempre recordamos con jocosidad esos tiempos de entusiasmo.
Leyendo-conociendo a Don Bosco entendí la música
como un medio eficaz y fundamental de darle sentido a la vida.
1985-1989:
Años
difíciles, áridos, descreídos. Salí
del Colegio Salesiano buscando no sé qué…
y regresé a casa.
Ya en mi
ambiente la vida fue otra cosa… Graduarme de bachiller era
importante pero fui dejando la música poco a poco…
los estudios, el tiempo, el trabajo inmediato a la graduación,
el “comenzar a ganarse la vida” era demasiado incidente
como para dedicarse a la música. De igual forma la vida
te va moldeando. El tiempo pasaba entre el trabajo diario, la
universidad nocturna y la posibilidad de regresar a la música
haciendo música comercial los fines de semana que también
fue otra escuela callejera. Al final no son las aulas las que
te enseñan… es la vida quien educa.. Y también
en la música no es el título el que te sustenta…
Es la experiencia de escenarios, de ensayos, de errores y aciertos
que te va haciendo mejor músico. Años también
de muchas dudas de fe, protestas a Dios, reclamos a la vida, búsqueda
de satisfacciones que al final sólo dejan frustraciones…
En fin, que a todos nos toca atravesar un desierto. Para algunos
desiertos grandes, para otros pequeños. En algunas ocasiones
me preguntan ¿cuándo fue tu conversión? ¿qué
te motivó a cantar para el Señor? No he vivido aún
experiencias trágicas que motiven mi canto o la vida cristiana.
Como les conté antes, soy cristiano desde el nacimiento.
Salvo aquel año 1976 en que mi madre tuvo un parto muy
difícil cuando nació mi hermana Vanesa, o en 1983
en mi padre sufrió un accidente muy grave y que fueron
experiencias muy profundas de fe… mi conversión es
diaria. Todos los días me equivoco y corrijo… todos
los días dudo y creo…
1989-2003:
En 1990 viajo a Guatemala para integrarme a la formación
inicial de los Salesianos de Don Bosco. Esta tierra ha sido generosa,
maravillosa y tolerante conmigo… y yo les debo tanto…
la mayoría de mis canciones han nacido en Guatemala. Aquí
inicia el camino de mi experiencia en la música religiosa.
Desde que llegué al Seminario comencé a incursionar
en la música con los conjuntos, las veladas, las navidades,
las celebraciones religiosas, etc.
En junio
de 1990, según el registro de mis temas, nace mi primera
canción “Juntos” (grabada en Día a día).
Es más, puedo recordar que fue estrenada el 29 de junio
de este año en que celebrabamos el día de la Comunidad.
Después “Juntos” comenzó a dar vueltas
y en cierta ocasión me dijo alguien. ¿Usted compuso
esa canción?
Y a partir
de ahí descubrí este don y látigo de Dios:
componer música. Es un don muy grande poder leer la realidad
desde otra visión, imprimirle armonía y luego poder
subirse a un escenario y cantar. Pero el látigo del testimonio
es duro y permanente. Alguien me dijo ¿tú cantas
lo que vives? ¡Es mi tarea permanente, estoy empezándola!
En 1992,
hice mi profesión religiosa como Salesiano Coadjutor, vocación
muy original en la Congregación. Debía haber hecho
los votos unos meses antes, pero la obediencia dispuso esperar
un tiempo. Este tiempo fue difícil, de mucha reflexión,
de mucha compresión de vida, de mucho silencio. Había
compuesto todos los temas para la Eucaristía en que recibiría
los votos y estrenamos la Misa Vocacional en la profesión
de mis compañeros de formación. En un futuro espero
que estos cantos vocacionales vean la luz de la tecnología
y lleguen al corazón del público. Durante esos meses
de espera la reflexión me hizo optar por la vida religiosa
laical. Ser salesiano, pero laico. Esta condición de religioso
laico es lo que me permite poder dedicar el tiempo posible a la
composición y creación de temas, más aún,
a la oportunidad de dar los conciertos y realizar mi servicio
en el arte religioso.
Estando en
el Colegio Don Bosco, como responsable de una actividad muy tradicional
“Vía crucis viviente” compuse todos los temas
que dieron origen a mi primera producción musical titulada
“El fin del principio”. Son temas biográficos
sobre los personajes de la pasión, muerte y resurrección
de Jesús. Por algunos lugares hay copias agonizando, pero
nos hemos propuesto resucitarlos en las producciones que Dios
permita realice.
Al terminar
mi formación inicial como religioso, se me da la oportunidad
de realizar estudios superiores de música. En la Universidad
del Valle de Guatemala estudio desde 1997. Estoy a punto de terminar
mi profesionalización musical y muy seguramente Día
a día será el trabajo profesional con que me titule.
Día a día es un nombre muy abarcante… Día
a día escribo, canto, estudio.
2002: Como
en las películas, habría que grabar el primer capítulo
en este año y luego comenzar a desenmarañar la historia
hacia atrás. En el 2001 había empezado la grabación
de mi primer disco con ilusión de internacional: selección
de temas, maquetas digitales, arreglos, etc. Nos tomó casi
9 meses el trabajo de producción junto al Ingeniero de
Estudio, músicos, imprenta, etc. Días de mucha aridez
porque el trabajo iba lento, recortes por presupuesto (¡siempre
el dinero!) cambios de casa, de responsabilidades, estudios universitarios,
cambios constantes de fechas. Pero por fin en la Semana Santa
del 2002 ahí estaba el producto. Terminando las últimas
sesiones del disco surgió el nombre como un chispazo…
El 20 de
julio de 2002, en el Auditórium del Colegio Don Bosco de
Guatemala fue el debut: luces, equipo, técnicos, amigos
asistentes, preparativos, ensayos…. Esa noche fue un bello
acto de amor en que el público y yo engendramos este camino
que ahora recorro… A veces con mucho sol… a veces
con tormentas, a veces con mucha compañía, otras
muy solo… pero voy al frente y de frente. He estado en diversos
auditorios, con diversos grupos. Día a día va abriendo
puertas en diferentes países. Camino… “sin
prisas, pero sin pausas”…
Si el árbol
crece rápido se seca pronto. Voy creciendo y confiando
en Jesús, junto a muchas personas que ahora caminan conmigo,
cargado el madero del don y el látigo, pidiendo a Dios
que nos libre de tantos males, pero perseverando y cantando la
alegría… de vivir, de ser salesiano, de ser cristiano…
de cantar.
¿Por
qué música socioreligiosa?
Componer
es una tarea de todos los días, casi como comer, dormir,
bañarse, rezar… así mismo compongo…
Todos los días escribo, todos los días arreglo…
Mucho se va al cesto, mucho se queda en el corazón, bastante
está siendo testigo de mi historia. Es un trabajo visceral.
No hay líneas de trabajo. Cada día hay un sentimiento
que despierta la musa y por ahí empieza el delirio, vuelta
y vuelta a las letras, a las melodías, a las armonías.
Pero siempre desde la perspectiva de creyente. Entre tantas propuestas
actuales me he aventurado a darle a mi música el título
de “socioreligiosa”. Y se preguntan ¿qué
es eso? Una concepción muy cotidiana de la fe. Hay música
de alabanza, de adoración, para la liturgia. Propongo ahora
música con contenido social. Que hable de nuestras debilidades,
de nuestros miedos, de nuestras desesperanzas… de nuestras
barros y que Dios haga de nuestro barro un milagro.
Visita su sitio Web: www.hubertalberto.com
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