"LA
MÚSICA EN LA VIDA SANTA"
Salmo
101. "Para Ti es mi música Señor,
voy a explicar el camino perfecto, voy a cantar
tu verdad y tu justicia".
Ahora
que la vida de muchos músicos católicos
está tan cuestionada por la falta de coherencia
entre lo que cantan y lo que viven, haré algunas
reflexiones en torno a la música en la vida
santa del hombre.
A
través de la historia hay pocos santos reconocidos
que hayan respondido con la música, o con los
dones artísticos que Dios les regaló,
al llamado de una vida plena en Cristo.
Podemos
citar desde los comienzos del cristianismo hasta nuestros
días a: San Pablo, por sus cartas y exhortaciones
a cantar himnos y salmos de alabanza al Señor;
Santa Cecilia, patrona de los músicos; San
Ambrosio, por el canto ambrosiano y la Escuela de
Milán; San Fortunato, San Germán y San
Cesáreo, por el canto galicano; San Leandro
y San Isidoro, por el canto visigodo; el Papa Dámaso,
por el canto romano; San Gregorio I, por el canto
gregoriano y la fundación de la Schola Cantorum
de Roma; Santa Hildegarda, por su obra musical y el
teatro medieval religioso; y San Francisco de Asís,
juglar y poeta de Dios, que nos dejó sus laudes.
Del
siglo XX, tenemos al Papa Pío X por publicar
el "Mutuo Proprio", sobre la música
religiosa; y tal vez, más adelante canonizarán
al Papa Juan XXIII, al Papa Pablo VI y al Papa Juan
Pablo II. Hombres santos que renovaron la música
eclesiástica en su forma y contenido con las
disposiciones del Concilio Vaticano II.
Actualmente
Su Santidad Juan Pablo II, el primer Papa que le dejó
a la humanidad su voz y su canto grabado, ha elevado
464 santos a la Gloria de los altares y no sé
si entre ellos hay otro nombre, que haya proclamado
con la música y con la vida los valores del
evangelio de la época contemporánea.
Hago
referencia a estos Santos porque le dieron a la música
un lugar importante en su vida, y le dejaron un legado
artístico a la humanidad. Santos que, sin duda,
imitaron a Cristo. Santos que, como bien dijo el profeta
Daniel, "brillarán como estrellas toda
la eternidad", porque le "enseñaron
a otros a ser buenos".
En
la primera carta a los Tesalonicenses San Pablo dice:
"La voluntad del Señor es que se hagan
Santos". Por tal motivo, la necesidad de responder
hoy a ese llamado, desde nuestra vocación y
desde nuestra opción de vida. La música
se convirtió en el nuevo milenio, en una opción
de vida cristiana para la juventud. El hombre ha vuelto
al pasado y ha tomado conciencia que la música
litúrgica o de inspiración religiosa,
le permite vivir ese llamado a la santidad.
Pero,
llevar una conducta santa, una vida obediente a Dios
hasta la muerte y consagrar nuestros talentos y dones
musicales al Señor, en medio de una cultura
materialista, consumista, hedonista... nos parece
inalcanzable e incomprensible. Por eso recordemos
la exhortación de Juan en Apocalipsis 13-9
"el que tenga oídos para oír, que
oiga... Esta es la hora de la perseverancia y de la
fe para los santos".
La
vida santa exige renuncia al pecado, sometimiento
del cuerpo y dominio del alma para desafiar las pasiones
que nos ofrece el mundo. Según San Agustín,
"en esta vida la santidad de cada uno consiste
en que el hombre esté sometido a Dios con docilidad,
el cuerpo lo esté al alma y las inclinaciones
viciosas a la razón" ( CD 19-27)
Querido
hermano en Cristo, dentro de este ambiente sórdido:
¿Cómo encarnar la pureza a través
del arte musical cristiano?
En
este camino angosto que lleva a la santidad, lo primero
es reconocer que somos pequeños, débiles,
vulnerables al mundo, e invocar la fuerza del Espíritu
Santo para vencer el pecado. Puesto que la santidad
se trabaja cada segundo agarrado de la mano de Cristo
y de la Santísima Virgen. Porque ya hemos visto
caer a hombres buenos, laicos y religiosos, que permanecieron
fieles durante muchos años y en un solo instante
se dejaron seducir por el mal.
¿Cómo
hacer de la música una verdadera oración
a Dios? Creo que no debemos tanto aprender a cantarle
a Dios, sino aprender a orar cantando.
¿Cómo
unir la vida cotidiana, lo que piensas, dices, haces,
sientes, es decir tu estilo de vida musical a la Santidad?
San Agustín habla de una "perfecta santificación"
que es la que une el cuerpo y el espíritu.
La vida santa es una sola, encaminada hacia Dios.
Recordemos, la resurrección del cuerpo de Lázaro
y la resurrección del alma de Pablo, el perseguidor.
Igualmente,
cada uno de nosotros debe examinar su vida personal:
¿Cantas
en las misas todos los domingos como un fiel participante
o como un ministro comprometido con tu trabajo sagrado?
¿Adoras
con tu música a Jesús en el Santísimo
Sacramento?
¿Lees,
cantas y meditas la Biblia solo y en comunidad?
¿Vives
los mandamientos desde tu trabajo artístico
musical?
¿Realizas
obras de misericordia corporales y espirituales a
través del canto - Conciertos en favor de los
enfermos, los presos, los ancianos, los minusválidos,
los más pobres?
¿Haces
donaciones en dinero o con tus talentos artísticos?
¿Te
alejas de los vicios y del pecado?
¿Buscas
la reconciliación con Dios, mediante la confesión
de los pecados?
¿Cumples
con fidelidad las responsabilidades de tu vocación
y de tu estado de vida laico o religioso?
¿Consagras
Tu música al Señor y a la Santísima
Virgen?
En
otras palabras: ¿Eres un verdadero testigo
de Cristo a través de la música?
Como
miembros de una Iglesia Santa debemos alimentarnos
de una vida llena de gracia para alcanzar la santidad
y esto exige , una conversión profunda en Jesucristo,
fidelidad a Dios desde nuestra vocación artística,
renovación musical y espiritual permanente,
y una oración sostenida en clave de amor a
Dios.
Hermanos,
todos los miembros que conformamos la Iglesia podemos
ser santos. Busca con tu música lo que agrada
al Señor, para que des muchos frutos de "BONDAD,
JUSTICIA Y VERDAD". Que la Gracia ponga en tu
corazón un cántico a Dios. Un abrazo
fraterno. Olga Bustamante. Familia CONTACTO.
Si
tienes algún comentario lo puedes enviar a
la Familia musical CONTACTO: Ocba@epm.net.co