CRISTOMANIA
 
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Abril de 2002

"Te damos gracias, Señor"

Dad gracias al Señor, porque es bueno: porque es eterna su misericordia. ¡Aleluya! ( Salmo, 135)

Canto desde los nueve años de edad y pertenecí a varios coros de música religiosa y profana en mi juventud. Luego me conocí cantando con mi esposo Carlos, en la semana Santa de 1979 y ahora le seguimos cantando a Dios con nuestros hijos adolescentes.

He cantando toda la vida!!! Se imaginan por un momento qué sentiría si dejara de cantar? En 1987 fui operada de nódulos vocales, debido al mal uso de la voz y a las continuas enfermedades de bronquitis, amigdalitis y laringitis que padecía. De esta forma, tuve que suspender todas las actividades vocales durante un año.

Fue el año más largo de mi vida. Me tenía que comunicar por escrito durante dos meses y luego debía hablar poquito, pasito y pausado. Las tres "p.p.p.", como me lo recomendó el doctor. Después, inicié un tratamiento de foniatría pero mi voz no evolucionaba. No daba ni un La en el pentagrama. Al no poder cantar, ni hablar normalmente, caí en una depresión indescriptible!!.

Recuerdo que fueron los meses más difíciles de mi vida personal y familiar. Doy este testimonio para que valoremos los dones y los talentos recibidos de Dios. Bien cierto el refrán que dice... "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Posteriormente, el Señor sanó mis cuerdas y pude volver a cantar. Además puso en mi camino al maestro de técnica vocal, Luis Carlos García, q.p.d., quien con su paciencia y su amor me sacó la voz.

Desde esa intervención quirúrgica no sufrí ninguna recaída en mis cuerdas, ni con el fuerte trabajo como cantante, ni como docente de Educación Artística en la Universidad Pontificia Bolivariana. Las revisiones médicas eran satisfactorias hasta la fecha. Sin embargo, en abril de 2000 me quedé afónica de nuevo. Fue un martes santo que toda la familia se reunió en la finca de mi hermano. Allí se entró, a media noche, un perro negro en la habitación donde dormíamos. Mi hermana y mis sobrinos comenzaron a gritar y yo desperté sobresaltada. Cuando vi los ojos rojos de ese animal que brillaban en la oscuridad, también comencé a gritar del susto. Mi esposo saltó de la cama, prendió la luz y salió el perro.

Al día siguiente, amanecí afónica y fui urgentemente donde el otorrinolaringólogo, Wilson Bustamante. Me diagnosticó un pólipo hemorrágico a causa de los gritos de esa noche. Además dijo, que me tenía que operar la cuerda derecha si no sanaba con el reposo y unas medicinas que me recetó. Permanecí callada un mes. Tuve que suspender los compromisos laborales y musicales de la Semana Santa y de mayo. Por este tiempo, mi familia estaba grabando la segunda producción de música religiosa, llamada Oda a la Familia, que también se retrasó.

Por todo lo anterior, les digo: ¡Qué tesoro tan grande el que nos ha regalo Dios para proclamar sus maravillas...¡ La voz!!! Puedo asegurar que en esta segunda afonía fue diferente, porque tenía plena confianza en el Señor. No viví la desesperanza, ni la depresión que alimenté con la operación de los nódulos. Mi familia perseveró en la oración y siguiendo todas las indicaciones médicas, Dios sanó de nuevo mi cuerda. Solo sé amigos, que los exámenes mostraban una cuerda sangrando al comienzo de la incapacidad y a los dos meses, se veía sana. ¡Era un milagro patente!!!

Queridos hermanos, con este testimonio los invito a que oremos y a que permanezcamos en vela, unidos en la fe. Si hay tantos limitados físicos que le cantan y le dan gracias a Dios, más aún nosotros que gozamos de todos los sentidos. ¿Guardamos cuidadosamente el entendimiento, las cuerdas donde se produce el sonido y la lengua?

Por ningún motivo nos hagamos los sordos, aún con nuestros oídos perfectos; o los mudos, aún con nuestra voz clara, ante el llamado de Dios. Creo que sería preferible ser sordomudo de nacimiento, que ser un sordomudo espiritual! No seamos insensibles ante las súplicas de todas las personas que hoy sufren la pobreza y la violencia. Es amando al hermano, como amamos a Jesús. Que el Espíritu Santo nos ayude a cantar la verdad y la Justicia y que nuestra voz resuene ante la vida sórdida que propone el mundo contemporáneo. Sigamos dando los frutos de nuestra conversión y del amor que hemos encontrado en Jesucristo, nuestro Señor. Un abrazo fraterno.

Si tienes algún comentario lo puedes enviar a la Familia musical CONTACTO:

Ocba@epm.net.co

cristomania10@hotmail.com



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