"Te
damos gracias, Señor"
Dad
gracias al Señor, porque es bueno: porque es eterna
su misericordia. ¡Aleluya! ( Salmo, 135)
Canto
desde los nueve años de edad y pertenecí a
varios coros de música religiosa y profana en mi
juventud. Luego me conocí cantando con mi esposo
Carlos, en la semana Santa de 1979 y ahora le seguimos cantando
a Dios con nuestros hijos adolescentes.
He
cantando toda la vida!!! Se imaginan por un momento qué
sentiría si dejara de cantar? En 1987 fui operada
de nódulos vocales, debido al mal uso de la voz y
a las continuas enfermedades de bronquitis, amigdalitis
y laringitis que padecía. De esta forma, tuve que
suspender todas las actividades vocales durante un año.
Fue
el año más largo de mi vida. Me tenía
que comunicar por escrito durante dos meses y luego debía
hablar poquito, pasito y pausado. Las tres "p.p.p.",
como me lo recomendó el doctor. Después, inicié
un tratamiento de foniatría pero mi voz no evolucionaba.
No daba ni un La en el pentagrama. Al no poder cantar, ni
hablar normalmente, caí en una depresión indescriptible!!.
Recuerdo
que fueron los meses más difíciles de mi vida
personal y familiar. Doy este testimonio para que valoremos
los dones y los talentos recibidos de Dios. Bien cierto
el refrán que dice... "nadie sabe lo que tiene
hasta que lo pierde". Posteriormente, el Señor
sanó mis cuerdas y pude volver a cantar. Además
puso en mi camino al maestro de técnica vocal, Luis
Carlos García, q.p.d., quien con su paciencia y su
amor me sacó la voz.
Desde
esa intervención quirúrgica no sufrí
ninguna recaída en mis cuerdas, ni con el fuerte
trabajo como cantante, ni como docente de Educación
Artística en la Universidad Pontificia Bolivariana.
Las revisiones médicas eran satisfactorias hasta
la fecha. Sin embargo, en abril de 2000 me quedé
afónica de nuevo. Fue un martes santo que toda la
familia se reunió en la finca de mi hermano. Allí
se entró, a media noche, un perro negro en la habitación
donde dormíamos. Mi hermana y mis sobrinos comenzaron
a gritar y yo desperté sobresaltada. Cuando vi los
ojos rojos de ese animal que brillaban en la oscuridad,
también comencé a gritar del susto. Mi esposo
saltó de la cama, prendió la luz y salió
el perro.
Al
día siguiente, amanecí afónica y fui
urgentemente donde el otorrinolaringólogo, Wilson
Bustamante. Me diagnosticó un pólipo hemorrágico
a causa de los gritos de esa noche. Además dijo,
que me tenía que operar la cuerda derecha si no sanaba
con el reposo y unas medicinas que me recetó. Permanecí
callada un mes. Tuve que suspender los compromisos laborales
y musicales de la Semana Santa y de mayo. Por este tiempo,
mi familia estaba grabando la segunda producción
de música religiosa, llamada Oda a la Familia, que
también se retrasó.
Por
todo lo anterior, les digo: ¡Qué tesoro tan
grande el que nos ha regalo Dios para proclamar sus maravillas...¡
La voz!!! Puedo asegurar que en esta segunda afonía
fue diferente, porque tenía plena confianza en el
Señor. No viví la desesperanza, ni la depresión
que alimenté con la operación de los nódulos.
Mi familia perseveró en la oración y siguiendo
todas las indicaciones médicas, Dios sanó
de nuevo mi cuerda. Solo sé amigos, que los exámenes
mostraban una cuerda sangrando al comienzo de la incapacidad
y a los dos meses, se veía sana. ¡Era un milagro
patente!!!
Queridos
hermanos, con este testimonio los invito a que oremos y
a que permanezcamos en vela, unidos en la fe. Si hay tantos
limitados físicos que le cantan y le dan gracias
a Dios, más aún nosotros que gozamos de todos
los sentidos. ¿Guardamos cuidadosamente el entendimiento,
las cuerdas donde se produce el sonido y la lengua?
Por
ningún motivo nos hagamos los sordos, aún
con nuestros oídos perfectos; o los mudos, aún
con nuestra voz clara, ante el llamado de Dios. Creo que
sería preferible ser sordomudo de nacimiento, que
ser un sordomudo espiritual! No seamos insensibles ante
las súplicas de todas las personas que hoy sufren
la pobreza y la violencia. Es amando al hermano, como amamos
a Jesús. Que el Espíritu Santo nos ayude a
cantar la verdad y la Justicia y que nuestra voz resuene
ante la vida sórdida que propone el mundo contemporáneo.
Sigamos dando los frutos de nuestra conversión y
del amor que hemos encontrado en Jesucristo, nuestro Señor.
Un abrazo fraterno.
Si
tienes algún comentario lo puedes enviar a la Familia
musical CONTACTO:
Ocba@epm.net.co