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noviembre
de 2001 Segunda quincena
"Música
popular católica:Tecnologías
y nuevos escenarios"
Los
profundos cambios ocasionados por la globalización y los
adelantos tecnológicos e informáticos en las últimas
décadas, han generado nuevos actores musicales y nuevos
escenarios creados por la evangelización musical popular.
Así, la música religiosa católica se llevó
de los grandes templos y teatros a los pequeños espacios
hogareños, y a los lugares públicos de encuentro
masivo. Y pasó de un público reducido y privilegiado,
al goce de una masa heterogénea que no distingue clase,
sexo y etnia.
Ya analizamos como desde el Concilio Vaticano II, la diversidad
de géneros propios de cada país amplió el
espectro musical religioso católico, con aires que identificaron
cada cultura concreta. Sin embargo, el fenómeno de la cultura
mediatizada por la radio, el cine, la televisión, la Internet
y otros canales de comunicación, ha influido en las tendencias
rítmico musicales que siguen los artistas, productores,
distribuidores y especialmente el público de música
religiosa. Las baladas, el rock, el pop y sus variaciones, son
los ritmos impuestos por los medios dentro del mercado religioso
actual.
En este sentido, la música católica no se ha aislado
de la cultura a la cual pertenece. Hoy, la cultura de masas atraviesa
todas las creencias, prácticas y producciones simbólicas
de la sociedad. Los medios de comunicación, ejes centrales
de dicha cultura, influyen de una u otra forma, en la percepción
religiosa de los cristianos católicos y se constituyen
en herramientas para acercar a Dios a la subjetividad y cotidianeidad
de los creyentes. Se puede afirmar que los mass media construyen
y redefinen la musica católica para la liturgia y fuera
de ella.
En el ámbito cultural masivo los mass media legitiman la
información musical religiosa popular, porque imponen artistas,
posicionan productos musicales religiosos, ofrecen modelos de
vida y sostienen la imagen de un cantante; Y aunque los evangelizadores
musicales no buscan con su trabajo la gloria personal sino la
Gloria de Dios, los medios de comunicación le otorgan a
cada uno de ellos un liderazgo espiritual en la mente de los creyentes
católicos.
Al respecto, "el padre Marcelo Rossi del Brasil reconoce
que buena parte de su secreto para atraer multitudes está
en los medios de comunicación: vivimos en un mundo globalizado".
Los actos religiosos de hoy se pueden asociar con el fenómeno
de masas, con los grupos humanos de mucho afecto y calor. Grandes
espectáculos y mega-conciertos religiosos donde los creyentes
se integran para expresar su fe a Dios.
Recordemos, que el padre Rossi y nueve sacerdotes en concierto,
congregaron en el Estadio Maracaná 140.000 fieles de la
Iglesia Católica, mediante una misa que se celebró
con motivo de la fiesta de la Santa Patrona del Brasil - Nuestra
Señora de Aparecida -, el 12 de octubre de 1999.
En los conciertos de música católica se combinan
diferentes elementos teatrales, pantallas gigantes, danzas, luces,
humo, grandes escenografías, con la oración hablada
y cantada, para obedecer a la tendencia de la música-espectáculo
impuesta por los mass media.
A lo anterior se le agrega que la difusión de la música
popular religiosa por parte de los medios, se ha encargado de
ubicar algunos temas como verdaderos éxitos, hasta el punto
de llegar a vender millonarias copias en disco compacto o casetes.
Es decir, sin los medios de comunicación sería imposible
insertar a los consumidores dentro de una red mundial de mercadeo
musical.
En ciertos casos, se han alcanzado los primeros lugares en las
listas de la radio comercial, por encima de consagrados artistas
nacionales e internacionales de pop, rock, raggae o tecno profano.
Por ejemplo, el retorno espiritual a fin de milenio suscitó
un interés hacia el canto gregoriano. Los monjes del monasterio
de Santo Domingo de Silos (Burgos) registraron la monodia cristiana
en un compacto que se convirtió en éxito rotundo
entre los jóvenes del mundo occidental, en 1996. Este hecho,
llamó la atención de las casas discográficas
multinacionales, para un canto que sólo era escuchado por
las comunidades eclesiales y los melómanos en general.
Dos años más tarde, el sacerdote Marcelo Rossi lanzó
su primera producción llamada Música para alabar
al Señor, grabada en octubre de 1998, de "la cual
vendió 3.3 millones de copias en un año, en Brasil.
Otro hecho trascendental para la Iglesia Católica y ejemplo
de una nueva evangelización para la cultura contemporánea
que vivimos, fue la primera grabación musical que personificó
la voz hablada y cantada de Su Santidad Juan Pablo II, titulada
Abba Pater. Esta producción se difundió por todo
el mundo como instrumento de evangelización, con motivo
del Jubileo del año 2000, convirtiéndose en un fenómeno
religioso y cultural masivo.
Por consiguiente, la música religiosa católica ha
sido sometida a los valores que dinamizan el mercado y los espectáculos
producidos por un mundo globalizado.
La forma de los productos musicales religiosos católicos
se asemeja cada día más, en cuanto a portadas, labels
y sonido a la música profana o protestante. Ya se tienen
en cuenta todos los conceptos empresariales y administrativos
para hacer de la música religiosa católica un negocio
musical. La promoción, la distribución, las ventas
masivas de los productos y las giras artísticas evangelizadoras
ya forman parte cotidiana de las agendas de los artistas de música
católica.
En este marco, las productoras de música popular católica
también se han incrementado a fines del siglo XX y principios
del XXI. En unos años no será raro observar como
se consolidan grandes compañías multinacionales
católicas de laicos que difundan los productos y servicios
en serie para millones de consumidores católicos, con el
fin de ser distribuidos y comercializados en todo el mundo dentro
de una industria musical religiosa.
En este orden de ideas, los medios de comunicación, la
globalización y el auge del estilo popular, cambiaron las
prácticas religiosas y la función de la música
católica en la vida cotidiana. No obstante, nada de toda
esta industria fonográfica religiosa tiene sentido sin
que cada artista o empresa católica musical conjugue el
arte y los conceptos empresariales que surgen de un mundo globalizado,
con un testimonio de vida cristiana que proclame los valores del
Evangelio.
En la parte financiera, la música religiosa católica
no es un trampolín de la fama o de lucro personal. Los
fines económicos percibidos por las ventas de los discos
citados, se han revertido en nobles causas a favor de la evangelización,
la paz y la justicia social de los más pobres y débiles.
Hoy se han creado nuevos actores de participación, nuevos
escenarios, nuevos sonidos, ritmos y formas externas que han hecho
de la música católica un negocio musical. Un negocio,
que si se queda sin el espíritu de Dios sería como
un cuerpo sin vida, trayendo consigo nuevas frustraciones, vanidades
y malentendidos para aquellos artistas que no han comprendido
que el único negocio que nos debe interesar "es el
de salvar almas", como decía San Alfonso M. de Ligoria.
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