CRISTOMANIA
 
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Mayo del 2003 Cuarta Semana

"DE LA DISCOTECA AL ENCUENTRO CON DIOS"

Por lo visto también pueden salir cosas buenas de las discotecas. Hay quien dice que con la música a todo trapo y las luces calidoscópicas, la juventud intenta evadirse de una vida llena de vacío. También podría ser que en el fondo vaya buscando un sentido a su vida. Y que incluso lo encuentre en ese ambiente.

-Ana, esta columna te la dedico a ti, por todo los años que hemos vivido juntas, todo lo que hemos compartido y el que me impresionó más de tu vocación. Me dices que ahora que estaremos separadas me voy a olvidar de ti pero; ¿cómo me puedo olvidar de ti después de la guerra de almohadas en los campamentos? Siempre estarás en mí y no me gustaría perder contacto porque al igual, tú como yo, hemos aprendido en esas salidas que Dios nos ha ofrecido.

Después de haberse ganado la vida bailando en los estrados de discotecas, optó por la vida religiosa y por dedicar su vida a los necesitados, tras culminar un camino personal de conversión.

«Comencé a frecuentar las discotecas a los 16 años y continué hasta los 18. Fueron dos años muy intensos durante los cuales perdí totalmente la cabeza. Iba todas las noches y me quedaba hasta las ocho de la mañana», recuerda.

«Desde medianoche hasta las 4 de la madrugada me exhibía en una discoteca, y desde las 4 hasta las 8 iba a bailar a otra».

«Buscaba las discotecas más frecuentadas», continúa su relato; «de ahí mis relaciones con los hombres y el uso del alcohol».

Poco a poco se fue distanciando de esos ambientes. Lloraba continuamente. Comenzó a ir a misa los domingos.«Veía a los jóvenes, que se querían de manera muy sencilla y estaban serenos. Un mundo auténtico, no falso como el que yo frecuentaba», señala.

El paso siguiente fue un retiro espiritual. Hasta que una tarde, contemplando el cielo y la naturaleza, tuvo una percepción clara de que Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas.

«Sentí en el corazón un gozo indescriptible -describe-. Y me puse a bailar. Esta vez no para conquistar a los hombres, sino para agradecer y alabar. Había encontrado lo que buscaba».

Según ella el problema no es tanto ir o no ir a las discotecas, sino dejarse envolver en relaciones humanas insatisfactorias. Y advierte: «Es normal que los jóvenes busquen sensaciones y que éstas se intensifiquen por la noche. Pero a menudo la vida nocturna se vive como una rebelión que lleva a la perversión».

-Ana, ¡ya he perdido la cuenta! Por favor, escríbeme y dime cuantos años te faltan de novicia.

Recuerda que siempre estarás en mi mente y tu encuentro con Dios lo llevaré siempre conmigo.

Mi correo: meritxellsabate@hotmail.com

cristomania10@hotmail.com



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