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Septiembre
del 2002 Primera quincena
"ESTÉN
PREVISTOS,PORQUE NO SABEN NI EL DÍA NI LA HORA(Mt. 25,
13)"
Jesús
acaba de salir del templo. Los discípulos le hacen notar,
con orgullo, la imponencia y la belleza del edificio. Entonces
dice: "¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará
aquí piedras sobre piedras: Todo será destruido".
Luego asciende al monte de los Olivos, se sienta y, mirando a
la ciudad de Jerusalén, que tiene al frente, comienza a
hablar de su destrucción y del fin del mundo -le preguntan
los discípulos-, y ¿cuándo llegará?
Es una pregunta que se plantea todo ser humano. En efecto, el
futuro es misterioso y muchas veces despierta temor. También
hoy hay quienes preguntan a los magos o averiguan en el horóscopo
para saber cómo será el futuro, que sucederá...
La respuesta
de Jesús es cristalina: el fin de los tiempos coincide
con su venida. Él, Señor de la historia, volverá.
Es él el punto luminoso de nuestro futuro.
Pero, ¿cuándo
se dará ese encuentro? Nadie lo sabe, puede suceder
en cualqueir momento.
Nuestra vida,
en efecto, está en sus manos. Él nos la dió:
él puede volver a tomarla en cualquier momento, sin preavisto.
Aunque nos advierte: tendrán ocasión de estar preparados
a ese acontecimiento, si vigilan.
"Estén
prevenidos, porque no saben el día ni la hora"
Lo que Jesús
nos recuerda, antes que nada, con estas palabras, es que él
vendrá. Nuestra vida en la tierra concluirá y comenzará
una vida nueva, que no tendrá fin. Hoy nadie quiere oír
hablar de la muerte... A veces se hace de todo para distraerse,
sumergiéndose por completo en las ocupaciones cotidianas,
al punto para introducirnos en su plenitud, en la comunión
con su Padre, en el Paraíso.
¿Estaremos dispuestos a ese encuentro? ¿Tendremos
la lámpara encendida? Es decir, ¿estaremos
en el amor? O bien, nuestra lámpara se habrá
apagado, porque, tomados por el cúmulo de cosas que hacer,
por alegrías efímeras, por la posesión de
los bienes materiales, nos hemos olvidado de lo único necesario:
amar.
¿Cómo
hacer para esta vigilantes? Sabemos, que vigila bien el que
ama. Lo sabe la esposa que espera al marido que llegará
del trabajo o que está regresando de un largo viaje; lo
sabe la madre que se preocupa por su hijo que no ha vuelto a casa
todavía; lo sabe el enamorado que no ve la hora de encontrarse
con su amada... Quien ama sabe esperar, por más que este
otro tarde.
A Jesús
se lo espera si se lo ama y se desea ardientemente estar con él.
Y se lo espera amando concretamente, sirviéndolo, por ejemplo,
en quien tenemos al lado, o comprometiéndonos en la edificación
de una sociedad más justa. Cuando cuenta la parábola
del siervo fiel que, esperando el regreso del patrón, se
ocupa de sus servidores y de las cuestiones de la casa, es el
mismo Jesús quien nos invita a vivir de esta manera; o
la de los siervos que, a la espera del regreso del patrón,
no se quedan inactivos, sino que hacen fructificar los talentos
recibidos.
"Estén
prevenidos, porque no saben el día ni la hora"
Precisamente
porque no sabemos el día ni la hora de su venida, podemos
concentrarnos más facilmente en el hoy que se nos da, en
el afán de cada día, en el presente que la Providencia
nos ofrece vivir.
"Jesús,
hazme hablar siempre como si fuera la última palabra que
pronuncio.
Hazme acuar siempre como si fuera la última acción
que realizo.
Hazme sufrir siempre como si fuera el último dolor que
he de ofrecerte.
Hazme rezar siempre como si fuera la última posibilidad,
que tengo aquí en la tierra, de hablar a solas contigo"
Mi correo
electrónico es: meritxellsabate@hotmail.com
por cualquier comentario.
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