"LLEVAR
EL PESO DEL HERMANO"
El
texto de Mateo 18, 12-17 merece una consideración especial.
En primer
lugar cabe considerar que esta invitación a reprender o
corregir al hermano pecador se halla en un contexto determinado
que nos ilumina sobre el modo y la actitud con que debe hacerse
la corrección; y este contexto está formado por
la invitación a buscar la oveja perdida, a orar en común
y a perdonar de corazón las ofensas.
a.
La oveja pérdida (18, 12 -14) es objeto de una
especialísima preocupación de Dios, que no quiere
que se pierda; y si esta oveja es recuperada para el rebaño,
esto causa más alegría al Padre celestial que todos
los creyentes. Se invita entonces al discípulo a desvelarse
por el hermano que está perdido, lejos del rebaño.
Más expresivo todavía es Lucas, que presenta la
emotiva imagen del pastor que vuelve contento con la oveja sobre
sus hombros, invitando a todos a alegrarse con él (Lc 15,
5-6)
b.
La oración en común. Lo que no se dice
de la oración individual se dice de la oración en
común, a la cual se atribuye una especial eficacia y la
presencia de Jesús en medio (18, 19-20) Es evidente que
esto no se refiere simplemente a sentarse juntos, sino a "ponerse
de acuerdo" , "hacerse uno".
Se atribuye
entonces a esta concordia de dos hombres un valor y una eficacia
transcendentes; y la presencia de Cristo que se promete no implica
que Él venga desde fuera a ocupar un lugar limitado, sino
entrar nosotros de un modo más pleno en el ámbito
divino, participando de la comunión de Cristo con el Padre
("en los Cielos","donde
allí")
c.
El perdón de las ofensas. Se invita a perdonar
siempre (setenta veces siete), y se exhorta a este perdón
con el recuerdo del perdón de Dios para con nuestros propios
pecados: si Dios perdona nuestros habituales pecados, aparece
como una insensatez no hacer lo mismo con un hermano. Y lo que
se nos pide es un perdón "de corazón",
lo cual indica un perdón que brota de lo más íntimo
del hombre y no puras palabras. Esto implica una auténtica
conversión, un verdadero salir de sí hacia el hermano
(Mateo 18, 35)
En este contexto
se sitúa entonces la invitación a corregir al hermano.
Por todo esto más que "corregir" tenemos
que hablar de "descubrir": hacer que el hermano
vea, tome conciencia clara de su pecado; que su pecado quede manifiesto
ante sus propios ojos. Esta será entonces la función
de los "testigos" y del presentarlo a la comunidad:
agotar todos los medios para "convencerlo" de
su error, para "descubrirle" su pecado. Si, finalmente,
a pesar de los testigos y la confirmación de la comunidad,
no acepta su error, es señal de que hay una decisión
firme de vivir en el error, con lo cual él mismo opta por
separarse de la comunidad, por otro modo de vivir que no es el
que la comunidad cristiana presenta como ideal.
El texto
de Mateo no es entonces una invitación a "reprochar"
o "echar en cara" los pecados ajenos, sino
simplemente a manifestarlos al pecador para que los vea, los descubra
y sepa desapercibidos a la comunidad. Esta corrección se
hace necesaria, por otra parte, en cuanto ese pecado "visible"
provoca "escándalo" en los demás;
puede ser un mal ejemplo que arrastre al resto.
Así
encontramos que la corrección fraterna consiste en descubrir
su pecado al hermano que, con su vida, está causando escándalo
y dañando así a la comunidad. Por eso, si no bastan
los testigos para hacerle ver su error, se apela a la misma comunidad,
dañada por su escándalo.
Si después
de todo esto el hermano ha optado por un tipo de vida que contraría
el ideal de la comunidad cristiana, si bien se autoexcluye de
la comunidad y, por lo tanto, la misma comunidad lo considera
extraño a ella, esto no implica la misma comunidad lo considera
extraño a ella, esto no implica que no pueda ser objeto
de amor y de preocupaciones, como lo eran para la comunidad cristiana
los gentiles y los publicanos.
Para Tomás
de Aquino la misericordia es la manifestación exterior
más exquisita de la caridad.
Y todo esto
nos muestra justamente que la corrección fraterna tiene
su valor en la medida en que es un verdadero acto de amor, en
la medida en que procede del amor al hermano, en cuanto es una
manifestación de ese amor. No es entonces un rechazo del
hermano, sino un rechazo del mal del hermano. Pero además,
la corrección fraterna no es sino una "sencilla
amonestación", distinta de la corrección
unida a una pena, que compete sólo a la autoridad de la
comunidad.
Con esto
podemos terminar en Corintios vemos expresado el más alto
grado de revelación genuino "toda la ley alcanza su
plenitud en este solo precepto: amarás a tu prójimo
como a ti mismo " (Ga 5,14). Será el cumplimiento
de este solo precepto lo que asegure al hombre estar en el camino
de la salvación, cumplir con el núcleo más
precioso de las exigencias divinas.
Ya podemos
entonces terminar con estas palabras de San Agustín: "Nunca
hay que ponerse a reprender del pecado ajeno si no es cuando,
examinando nuestra conciencia con preguntas internas, nos respondemos
delante de Dios, sin titubeos, que lo hacemos por amor. Si el
ultraje, las amenazas o también las persecuciones de aquel
a quien corriges hubieran dañado tu ánimo, aunque
vieres que él podría ser curado por ti, nada le
repliques antes de calmarte; no sea que quizá por tus movimientos
carnales te inclines a perjudicarlo y ofrezcas tu lengua al pecado
como instrumento de maldad para devolver mal por mal o injuria
por injuria. Porque todo lo que dijeres con ánimo herido
es movimiento de quien castiga, no caridad de quien corrige. Ama
y di lo que quieras. Peor si a él mismo lo perjudica, oponiéndose
a ti, mucho más saludable te convendrá recordar,
lavándote con lágrimas este polvo, cómo no
debemos airarnos contra los pecados de los demás, cuando
en la misma corrección que les hacemos pecamos nosotros,
porque más fácilmente nos vuelve airados la cólera
del pecador que misericordioso su miseria"
Por: Equipo
Cristomania
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