|
 
Junio
de 2003
""Nuestro"
Pentecostés"
"El
Espíritu Santo vendrá sobre ti... y por eso el hijo
engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios"
(Lucas 1:35).
Tu
y yo necesitamos "nuestro" Pentecostés, como
lo necesitaron los Apóstoles, que habían recibido
el Espíritu Santo en su Bautismo y de forma especial en
su ordenación sacerdotal... pero no comprendieron ni vivieron
la maravilla gozosa del cristianismo hasta "su" Pentecostés,
en Hechos 2.
Tu
y yo nos llamamos y somos cristianos... decimos que cada vecino
es Cristo, ¡pero en cada minuto de día no tratamos
a nuestro vecino como a Cristo!... Somos "otro Cristo",
pero no somos mansos como Cristo, ni expulsamos demonios como
Cristo, ni sanamos enfermos, ni resucitamos muertos como Cristo...
a los Apóstoles les pasó lo mismo: Solo desde su
Pentecostés comenzaron a ser testigos de la resurrección
de Cristo, con su vida de gozo, dando a Dios gracias en todo...
y viviendo como "otros Cristos", siendo mansos como
Cristo, expulsando demonios como Cristo, sanando enfermos y resucitando
muertos como Cristo-Jesús... ¡es la historia gloriosa
de los Hechos de los Apóstoles!...
¡Tu
y yo necesitamos "nuestro" Pentecostés!...
Hay
7 episodios de Pentecostés en el Nuevo Testamento:
1-
El primero, le ocurrió a la Virgen María en Mateo
1, el primer capítulo del Nuevo Testamento, y en Lucas
1: El Espíritu Santo descendió sobre ella y engendró
en ella a Jesús... ¡esta es la esencia de todo Pentecostés!...
y con Jesús en su corazón, fue inmediatamente a
"servir" a ayudar a su prima Isabel, y canto las glorias
de Dios, el Magníficat, en Luc.1.
La
razón de su glorioso Pentecostés, es que era "humilde
esclava del Señor", como nos lo dice ella misma en
el Magníficat: "Porque vio la humildad de su esclava...¡por
eso! hizo en mí maravillas el Poderoso... ¡por eso!
todas las generaciones me llamarán bienaventurada"
(Luc.1:48-49).
El
Espíritu sopla donde quiere y como quiere, es como el viento,
que nadie sabe donde va ni de donde viene, le dijo Jesús
a Nicodemo en Juan 3...
Pero
ser "humildes", y ser "esclavos del Señor"
es la mejor garantía para que el Espíritu se enamore
de tí, y te llene de Cristo-Jesús...
Sólo
los humildes como a Virgen María pueden comprender y vivir
la maravillas del cristianismo... sólo los limpios de corazón
pueden ver a Dios... (Mat.5:8).
Tenemos
que ser como la Virgen María, ¡esclavos del Señor!...
todo para el Niño, por el Niño, con el Niño,
en el Niño... a la Virgen le era fácil, porque siempre
tenía con ella a Jesús... a nosotros también
nos debe ser muy fácil, porque siempre tenemos con nosotros
a Jesús, que se nos presenta en el camino como blanco o
moreno, rico o pordiosero... ¡cada vecino es Cristo! (Mat.25:31-46).
¡Pero
lo primero es la "humildad"!: Ser humildes, como la
Virgen, es vivir en la verdad; la humildad es la verdad... reconocer
que yo soy muy poca cosa, como una gota de agua en el océano...
y que Dios lo es todo... y por eso lo tengo que alabar y adorar
constantemente, y darle gracias por todo... y ¡qué
ironía!, ese Dios tan inmenso, me ama tanto que murió
en cruz por mí, y me espera cada día en la Eucaristía...
¡eso es humildad!.
Dios
es amor, ¡y es humildad!... es todopoderoso, ¡y todocariñoso!...
¡quiere vivir en tu corazón!...
En
nuestro Pentecostés nos pasa lo que a la Virgen, ¡quedamos
embarazados de Jesús!, por obra del Espíritu, ¡para
darlo al mundo!... ¡un embarazo sin parto es una gran tragedia!...
como hijos de María, nos tenemos que parecer a nuestra
Madre, como todos los hijos se parecen un poco a sus madres...
2-
El segundo Pentecostés del Nuevo Testamento ocurrió
cuando María, con Jesús en su corazón, fue
a ayudar a Isabel... ¡y esta se llenó del Espíritu!,
y San Juan Bautista también, en Luc.1... Juan saltó
de gozo, e Isabel, "gritó", "con voz fuerte"
la alabanza más entrañable y poética que
en la Biblia se hace de Jesús: "Tu Madre es la más
bendita de todas las mujeres, y bendito seas tu, Jesús,
el fruto de las entrañas de María" (Luc.1:42).
Quizás
tu Pentecostés ocurra cuando un cristiano te vaya a ayudar,
¡con Jesús en su corazón!...
3-
El tercer Pentecostés, ¡el grande!, de Hechos 2,
ocurrió después que los Apóstoles hicieron
9 días de oración, ¡la primera novena de la
cristiandad!, junto con María, y con los hermanos de Jesús,
que en aquel entonces eran unos 120 (Hech.1:13-15).
Los
apóstoles se llenaron del fuego del Espíritu, ¡se
intoxicaron con el Espíritu!, que es más fuerte
que cualquier droga, como nos dirán Pedro y Pablo (Hech.2:15,
.5:18)...
Y
con Jesús en su corazón, prendieron fuego al mundo
entero conocido... en unos 30 años, el cristianismo llegó
a toda Europa, hasta España...
Este
"fuego del Espíritu" era Jesús en sus
corazones, que les hacia vivir con gozo y amor, sin miedo a nadie
ni a nada, y amándose los unos a los otros... no fueron
sus prédicas lo que expandió el cristianismo, ¡había
otros oradores mucho mejores que ellos!... ¡era su vida!,
llena de alegría y de amor... ¡y todos se querían
unir a ellos!... vivir la vida como ellos y con ellos...
Quizás
la oración, ¡una novena!, sea una buena forma de
que usted tenga su Pentecostés, haciéndola con otros
hermanos, y con María en medio de ustedes...
4-
El cuarto Pentecostés, el de Samaria, en Hechos 8, sucedió
cuando Pedro y Juan impusieron sus manos sobre los cristianos
de Samaria... y ocurrió algo tan grande que Simóm
quiso comprar a Pedro el "poder de imponer la manos"...
Simón había presenciado los milagros que hacía
Felipe, en Hech.8:5, pero lo que realmente le impresionó
fue lo que pasó en el Pentecostés (Hech.8:17)...
Siempre
que estés con un sacerdote, o cualquier buen cristiano,
pídele que te bendiga...
5-
El quinto Pentecostés le sucedió a San Pablo, en
Hechos 9, que iba en busca de los cristianos para "matarlos",
y Jesús lo tiró del caballo y lo quedó ciego...
y cuando Ananías a los 3 días le impuso las manos,
recibió la vista y el Espíritu, y se transformó
en el gran apóstol de Cristo... no porque ahora hablara
mejor, sino porque explotaba de gozo y amor, con Jesús
en su corazón...
6-
El sexto Pentecostés, el de Cornelio y su familia, en Hechos
10, le sucedió a un "pagano", ¡a un soldado
romano!, cuando Pedro le predicaba... y por primera vez se bautizó
a uno que no era judío, era un gentil, ¡es el Pentecostés
de los gentiles!... gracias a él tu y yo que no somos judíos,
somos bautizados ahora en Cristo.
7-
El último episodio de Pentecostés les ocurrió
a los 12 cristianos que se encontró San Pablo en Efeso,
¡que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu
Santo!... les pasaba lo que a muchos cristianos de hoy día,
que para ellos el Espíritu Santo es algo que puede ser
que está ahí, pero que como que no les vale para
gran cosa, no lo han experimentado... no se han llenado del fuego
de su amor, ni hablan las lenguas del gozo, ¡no han explotado
con Jesús en su corazón! (Hechos 19)...
Por:
Equipo Cristomania
|