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Abril
de 2003
"Harto
de la Iglesia católica "
Sí...
estoy harto de la Iglesia católica como me la presentan
últimamente los medios de comunicación.
Harto
de que me muestren una caricatura de sacerdote que no es sino
un
homosexual empedernido, un pedófilo enmascarado o un amigo
del buen vivir. ¿Es que ya se acabaron los sacerdotes que
sean «hombres» normales?
Harto
de oír hablar de la rodilla de un Sumo Pontífice
que parece llevar a
cuestas no sólo su dolor, sino el cúmulo inmenso
de los chismes y las
habladurías que su enfermedad genera en el mundo de los
medios. Tal parece que algunos sólo buscan el escándalo
y lo sensacional para hacerlo noticia y pasto de quienes se regocijan
con el pesar ajeno.
Harto
de escuchar las así llamadas luchas de poder que generan
el supuesto vacío de autoridad en el que se halla la Iglesia
católica. ¿Qué saben ellos del arte y del
amor de dirigir la Iglesia Católica cuándo la encajonan
y la etiquetan como una empresa multinacional?
Harto
de ver películas como Priest, en donde el sacerdote es
un obispo
déspota, un párroco concubinario o un joven coadjutor
homosexual. ¿Es que sólo existen sacerdotes de ese
tipo?
Harto
de no ver ni oír por ninguna parte la noticia sensacional
de tantas
monjas que entregan su vida día a día en la luminosa
claridad de un convento de clausura desgranando sus vidas frente
al sagrario para pedir precisamente por quienes más calumnian
a la vida consagrada.
Harto
de que no se haga escándalo ni noticia internacional de
las almas
consagradas, hombres y mujeres, que pasan largas horas hablando
con los
encarcelados, con los drogados, o limpiando pacientemente las
heces que los enfermos psicóticos dejan como estelas en
los hospitales para enfermos
mentales, verdaderos lugares alucinantes.
Harto
de que el África, con sus miles y miles de escuelas y hospitales
regenteados por sacerdotes y religiosas, quede siempre relegado
al más
profundo silencio, olvidado a pasar sus días en el polvo
dorado de la sabana,
escondido a los ojos del mundo, debatiéndose siempre en
profundas y cruentas guerras civiles cuyos heridos y muertos son
siempre cuidados por sacerdotes y monjas.
Harto
de ver a una Saffira que a punto de ser lapidada por el Islam
levanta
olas de estupor e indignación mundial, mientras que a un
obispo ruso le es
negada, en flagrante violación a las leyes internacionales,
el retorno a su
lugar de trabajo sin que ninguno de los comités de los
así llamados «derechos humanos» abogue
por él o sea capaz de alzar su voz un centímetro
en los medios de comunicación. Y ni qué decir de
tantas mujeres adúlteras como Saffira que todos los días
reciben la extraordinaria noticia del perdón de Dios de
manos de un sacerdote católico. De esto no hay noticia.
Harto
de que los medios presenten las escenas de quienes, por defender
una ballena gris o azul o amarilla, se lanzan a los mares en balsas
maltrechas, se encadenan a ferrovías, mientras que un grupo
de monjes franciscanos en Belén arriesga su vida por un
puñado de palestinos sin conmover a la opinión mundial.
Harto
de que muchos católicos, como camino y coartada fácil
a su falta de celo apostólico o su indiferencia religiosa,
digan con despecho frente a esta
conjura de los medios: «No quiero oír hablar de
la Iglesia católica».
Harto
de ver cómo la fe de tantas y tantas personas humildes,
sencillas y
buenas puede quedar lastimada de por vida, tal y como sucedió
en la España de los años ochentas en donde, a base
una persuasiva y feroz propaganda,
destruyeron la fe de muchas personas, minando el aprecio y la
estima por el
sacerdote, precisamente a partir de calumnias, tal y como lo están
haciendo
ahora.
Pero
estoy seguro que de esta persecución la Iglesia católica,
nuestra Iglesia
católica saldrá victoriosa como siempre ha salido,
pues a semejanza de los
primeros tiempos, son estas persecuciones las que como un bautismo
de sangre permiten que se vigorice y se renueve en sus hijos fieles,
amantes y siempre leales.
"VAYAN
POR TODO EL MUNDO Y ANUNCIEN LA BUENA NUEVA A TODA LA CREACIÓN"
Mc 16, 15
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http://www.pastoralshekina.com
Por:
Germán Sánchez Griese
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