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Junio
de 2002
"Bienaventuranzas
del artista de Dios"
Felices los
que anuncian el evangelio a través del arte para hacer
de la iglesia y de nosotros en ella, testigos vivos de Jesucristo
transformados por su Espíritu en una nueva creación.
" Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo,
que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos"
(Hechos 1, 8)
Felices los
que cantan a Dios con su vida y con su voz, para hacer del arte
musical un camino hacia la santidad.
Felices los
testigos de Dios que cantan con coraje para afrontar los grandes
desafíos de la época actual. " Señor
concede a tus siervos anunciar con toda franqueza tus palabras"
(Hechos 4,29)
Felices los
artistas que no callan su voz ante la injusticia y la opresión
que viven los demás, que no se dejan vencer por el temor
y las dificultades, que no se avergüenzan de proclamar el
Evangelio con su canto, porque su premio será grande en
los cielos. Para Ti es mi música Señor, voy a cantar
tu verdad y tu justicia.
Felices los
artistas humildes de corazón que reconocen sus talentos
y dones musicales como un regalo de Dios. "Dichosos los pobres
de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos"
(Mt 5)
Felices los
artistas que renuncian a la riqueza, a la fama, el poder y el
dominio que otorga el mundo secular, por cantarle a Dios.
Felices los
artistas que entienden que son simples servidores musicales por
medio de los cuales los demás creen en el Señor.
Felices porque enseñan a seguir "a Jesucristo como
Señor" ( 2 Corintios 4, 5) y no a sí
mismos por su canto. Hoy que la industria cultural arrastra grandes
multitudes de "fans" a seguir ídolos humanos
prefabricados como objetos de consumo.
Felices los
artistas que no se dejan seducir por el orgullo, la vanidad y
la soberbia que les da un liderazgo musical otorgado por los hombres.
Felices los
artistas que practican la caridad con los más pobres. Porque
Jesús dijo: "Todo favor que habéis hecho a
los demás, aunque sea a los más humildes, yo lo
recibo como hecho a mí mismo" Mateo 25,40.
Felices los
artistas que guardan una armonía cristiana en su vida personal
, familiar y comunitaria, dando ejemplo a los demás por
lo que creen, dicen, cantan, hacen, piensan y sienten.
Felices los
músicos que han sido objeto de persecución, rechazo,
burla, o que han sufrido carencias físicas por cantar el
Evangelio. 1 Cor. 4 1-2 "No nos desanimemos porque
Dios, en su misericordia, nos ha encargado este trabajo".
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Felices los
artistas que crean sus obras no solo con la razón y la
voluntad, sino con fe y con amor a Dios.
Felices los
músicos de Dios que hacen de su canto una verdadera oración
al creador.
Felices los
artistas que encuentran en la creación, en la vida, en
el amor, en la palabra de Dios y en la oración, sus fuentes
de inspiración para expresar mediante el arte lo que está
por encima del entendimiento humano.
Felices los
artistas libres de los moldes musicales predeterminados que el
mundo les quiere imponer, porque confían en la inspiración
que les da Dios.
Felices los
artistas cuyo principio y fin de sus obras es Dios, sin dejarse
seducir por las tentaciones del mundo.
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Felices los
músicos que interpretan las señales de los tiempos
y que hacen resonar con fuerza la Buena Nueva de la salvación
en Jesucristo.
Felices los
artistas que integran el mensaje de Jesucristo a la cultura de
cada tiempo y lugar, para transformar los corazones de los hombres.
Felices los
músicos que permiten la participación activa y consciente
de la comunidad, enseñando y meditando los cantos para
que todos los fieles las conozcan y las puedan cantar.
Felices los
artistas que graban su música, no en un papel o en un fonograma
- disco, casete, vh, dvd, mini disc...- sino en el corazón
de los hombres para su salvación.
Felices los
artistas que escriben las letras de sus canciones o las letras
de sus libretos para radio, cine, televisión, teatro...,
"no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente"
( 2 corintios 3, 3)
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Felices los
que han hecho de los negocios musicales católicos, el único
negocio de "salvar almas" ( San Alfonso María
de Ligorio). "Atesorad tesoros para el cielo. Donde está
tu tesoro allí estará tu corazón" Mateo
6.
Felices los
que administran con sabiduría el dinero, o las utilidades
que se logran con la evangelización artística, para
revertirlos en favor de toda la comunidad y de los más
necesitados.
Felices los
que ven en sus compañeros de trabajo musical al servicio
de Dios hombres iguales, sin envidias, sin discordias, sin distingo
de raza, sexo o condición.
Felices los
músicos que entienden que son una nota dentro del gran
concierto de la creación, y que según como suene
cada nota - clara, larga, continua, fuerte y aguda, o por el contrario
sorda, grave, corta y débil - "Dios pagará
su trabajo" (1 Corintios 3,4).
Felices los
músicos que rechazan la competitividad como norma, como
criterio de evaluación, como reconocimiento frente a otros
artistas de su mismo credo, porque Dios es el supremo juez de
nuestro canto y de nuestro corazón.
Felices los
artistas que buscan con su canto la paz y la unidad.
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Felices los
artistas que buscan aprender en Dios. Dios es el único
maestro que nos capacita para ser sus servidores. Servidores a
través del arte no por un título, un pergamino,
o un reconocimiento que otorgan los hombres, sino por su espíritu.
Felices los artistas que se dejan moldear como arcilla en las
manos de Dios.
Felices los
artistas de Dios que crean nuevos métodos, técnicas
, conocimientos, y modos de aprendizaje, para emplearlos en una
nueva evangelización.
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Felices los
artistas que promueven con sus obras una identidad cristiana católica
en medio del secularismo y de la proliferación de otras
sectas.
Por:
Olga Cecilia Bustamante.
Familia
Musical CONTACTO.
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