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artículos
febrero
de 2001
"La
música es una bella arte"
La
Iglesia siempre fue amiga de las artes porque el arte se encuentra
"entre las actividades más nobles del ingenio humano". La obra
de arte, por su naturaleza, "está relacionada con la infinita
belleza de Dios" que intenta expresar de alguna manera por medio
de obras humanas y, entre artes, ocupa el primer lugar la música:
la música sacra "sobresale sobre las demás expresiones artísticas"
(catesismo de la Iglesia Católica 1156).
Porque
-al decir de Pio XXII- la música es un regalo que Dios ha hecho
a los hombres. "Entre los muchos y grandes dones naturales con
que Dios ha enriquecido a los hombres creados a su imagen y semejanza
se debe contar con la música, la cual, como las demás artes libres,
se refiere a los gustos espirituales y al gozo del alma". "Mientras
la teología de la Iglesia Católica romana ha desarrollado intensamente
aproximaciones al misterio de Dios en términos del ser
(la metafísica de la presencia) la verdad (la inteligibilidad
de lo divino), y la bondad (el orden moral), aproximaciones
al misterio de Dios en término de belleza (una estética teológica)
han resultado comparativamente subdesarrollados.
Esta deficiencia ha impactado en la vida cultual romano católica
y puede remediarse mediante la atención a las estéticas teológicas
desarrolladas con teólogos.
La participación de los sentidos.
Uno
de los defectos de nuestra práctica litúrgica es la de
ser excesivamente conceptual, verbalizada y abstracta, un tanto
fria y triste.
Necesitamos una liturgia que tome al hombre en su totalidad, que
no se avergüence de expresar sentimiento emociones y afectos.
Dios habla al hombre entero, no solamente a su inteligencia. Es
todo el hombre el que tiene que ponerse en tensión al vivir su
experiencia religiosa. Jesús haciendose hombre asumió todo el
ser hombre, los sentimientos deben quedar integrados en nuestra
actividad religiosa y cultural. La liturgia debe comprenderse
de modo completo haciendo participar todos los sentidos.
"Todas las potencias del alma junto con todas las potencias del
cuerpo, desde los pies hasta la cabeza deben estar presentes en
el canto del artista avisado, y todo el hombre estará en su sonido"
(F. Francon -Davies). Para que la celebración litúrgica
sea una verdadera experiencia de conversión a Dios "es necesario
que se dirija a todo el hombre, no solo a su inteligencia sino
también a sus sentidos. De aquí deriva el lugar que hay que dar
a todo elemento de belleza, al canto, a la música, a la luz, al
incienso" (Juan Pablo II).
La
belleza es esencial en la vida litúrgica y en la misión de la
Iglesia, es un signo efectivo de la presencia y acción de Dios,
expresa el gozo y el delite ya que pertenece al orden trascendental
y metafísico, por eso tiende de por si a llevar al alma más allá
de lo creado, a conducirla lo alto.
Monseñor
Luis Alessio
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